DE COSAS DEL CORAZÓN

Cuatro meses pasan rápido, tanto que una vez más he desaparecido por aquí y casi no me he dado ni cuenta. Lo bueno es que aunque anda uno liado, hay cosas que contar, pues al final he conseguido escaparme al monte y a ver a los del albero, que los meses primaverales son propicios para ello.


Terminé la temporada con una rara sensación, protagonizada por esa sempiterna búsqueda de lo que a uno agrada y que realmente le pide el corazón, cierto que con asignaturas pendientes, pero a pesar de todo hago una lectura positiva de la misma. Luego ya llegó la primavera y con ella volvieron a escena dos de las pasiones que son motor de este blog que uno tanto abandona. Volvieron los madrugones y el seis puntas, y volvieron el sol, las moscas y el olor a puro en mi reñido amor de Las Ventas.


A los corzos he salido poco, y siempre de simple apoyo, no he querido darme alegrías en formas de ser yo el que pusiera fin a los lances, disfruto tanto o más acompañando a buenos amigos. Volví así a Asturias, pero esta vez a un coto vecino, conociendo un nuevo cazadero, acompañando a quien descubría aquello por primera vez y disfrutando del buen hacer de quien hizo de guía. La suerte nos sonrió, y flotando por el bosque, Quesada logró su primer corzo con sabor a sal.

Algo después y comenzando mayo –antes de feria-, me aventuré animado por Nacho a conocer la Maragatería. El flechazo ha sido tremendo, y aún perduran frescas en la mente esas imágenes recechando bajo el Teleno. La suerte fue esquiva, el maldito trozo de cobre y plomo no quería llegar a destino. Ahora bien, todo hay que decirlo, siempre nos subimos el listón, desechando lo fácil y cazando muy muy bien, por lo que nos quedo un regusto excelente.
Ahí se acabaron los corzos de este año para uno, pero antes he de agradecer invitaciones de amigos que hube de declinar, pues me metí ya en la espiral propia de estos meses de mis quehaceres para ganarme la vida. Eso sí, tiempo me quedó alguna tarde, para un año más disfrutar y sufrir con San Isidro. La deriva es patente, los ataques exteriores, de entendidos y de “isidristas” están ahí, pero sigo tranquilo, yo me acerco a ver al de negro, colorao o jabonero, da igual como sea. Por eso al final, procuro quedarme con lo bueno, veo, intento callar y me quedo con lo que me llena. Ahora, es una pena que precisamente los mejores pasajes de la feria y los mejores astados, al final no son reconocidos. En fin… ellos sabrán.


Y así va la cosa, ando a las obligaciones y como cada año sigo ilusionándome con el futuro, procuro que en el goce me domine el corazón, e intento rodearme siempre de los que me aprecian. Aparecen así a corto y medio plazo la Semana Grande de Bilbao –y es que me he quedado con más ganas de albero negro de Vistalegre-, la berrea entre riberos, aunque este año la pueda disfrutar poco; y una nueva temporada montera, guiada por un nuevo viaje que me llena muchísimo pues más que nunca priman la compañía y las formas. 


Después Dios dirá, durante los meses del monteo haré diversas cosas, ya que son muchos con los que quiero estar y muchos son los montes en los que quiero bregar, el tiempo dirá donde voy y cómo acabará ese tiempo y cómo vendrá de nuevo otra primavera, y de ahí al estío. Esto no para, no lo hace por nadie, uno mientras tanto procura ser fiel a sus principios, a su razón y a los suyos, pero sobre todo… al corazón.
Con tremendas ganas de juntarme con todos, os dejo hasta otra. Suerte, y al toro.

F. J. López Maraver

Fotografías: autor (excepción hecha de la mejor de todas, la del puyazo)
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS


UN LUGAR EN EL MUNDO

Lo pisé por vez primera no hace ni tres años. Al comienzo de una temporada cualquiera, y motivado por alargar un día más mis siempre cortas estancias en Extremadura. Había oído hablar del lugar a quien le es propio, a aquel por entonces reciente amigo, y que hoy se cuenta entre los que uno siente como sus amistades elegidas y más sinceras.


El sitio está cercano a uno de tantos pueblos bajo la sierra, vigilado por el pico que se yergue más altivo sobre la misma, esa que desde que otro amigo de los elegidos me enseñara, me ha vuelto aún más majareta. Cae a profundos riberos y le sirven estos de frontera natural con los vecinos. Sólo se deja ver en pequeña proporción desde la carretera, y aquello que se ve de la rivera de Los Molinos desde el firme de asfalto, es sólo un aperitivo. Al otro lado de la misma se presentan mucho más galantes y opulentas dos manchas que ya suenan entre los monteros del lugar, aunque no tanto como la hacen otras que caen desde la altura serrana. Ahora eso sí, lejos están de significar tanto para uno como este pedacito del que escribo.


El primer encuentro, al principio poco me dijo, era octubre y el campo seco suele dar a mi corta mente imágenes inexactas de tesoros como aquel en el que me encontraba. Echamos el día entre amigos que de aquello se trataba, y los toros y algún venado amenizaron la vista. He vuelto después, no en muchas ocasiones, pero el roce ha hecho el cariño, y quien aquello cuida a hecho el resto.


Tanto ha llegado gustarme ese rinconcito de regatos y mariposas de jaras, que me animé a acabar la temporada allí, y eso que los últimos meses me he alejado del campo y he querido dejar la caza a un lado, para centrarme en pilares más fundamentales de la vida. ¡¡Qué divino acierto!! Volví a sentir la libertad de lo agreste, la amistad y la belleza del monte. Razones más que de peso que disculpan en cierto modo nuestra locura por la venación.


El ruido del agua en riberas a rebosar, el intenso verde que han otorgado una buena otoñada y un excelente invierno; la mencionada buena compañía… y esa libertad, esa sensación de pureza que da lo salvaje y lo auténtico, hacen que por momentos con la escopeta entre las manos me llegue a sentir allí como el mismo Covarsí.


Precisamente él,  los lobos y los libros de caza y mil historias más protagonizaron la tertulia de esa maravilla que supone comer algo en el campo. Compartiendo, cortando trozos de pan y patatera con navaja. Fue el colofón a mi último encuentro con ella. Ese rincón mimado por gente sencilla, y fundamentalmente buena, que le hacen sentirse a uno en casa, no una, sino mil veces.


Allá, bajó el vuelo de buitres y con la cercanía de los toros queda ese lugar en el mundo -que no es lo mismo que dijo la canción de “un lugar llamado mundo”-, a centenares de kilómetros se encuentra ahora y casi siempre. Queda pues lejos de uno, esa portera con un hierro bravo a un lado y ese otro de la “C” que tanto dice, y que tanta libertad, paz y buenos ratos otorga a quienes alguna vez lo disfrutan. Allí está, un pequeño rincón… de un lugar en el mundo.


F. J. López Maraver

Fotos: autor. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

SE NOS VA

Al primero que se le va es a mí, por abandonar aquí, por no conseguir que alguna buena idea se venga, y sea uno capaz de plasmarla en esa primera hoja maldita de “Word”. Sois muchos los que me habéis tirado de las orejas no sin razón. Debe ser lo que sea, pero el caso es que es algo relacionado con el ánimo, está claro, no se puede negar.


La temporada, números a un lado ha ido pasando inexorable. He echado algunos días de categoría, y he compartido todo este jaleo con quien realmente me apetece, y eso al final es lo que tengo claro que importa. Quien quiera cifras, y grandes trofeos que deje de leer ya mismo.


Y es que por unos míseros cuernos o colmillos… Se nos va. Se nos va tanto que hay quien se quita de un puesto en mitad del monteo buscando reclamar el animal que acaba de herir, que no ha sido capaz de matar limpiamente. Se nos sigue yendo todo a la mierda cuando a algo tan auténtico como fue siempre la montería le quitamos la gracia con alambres, granjas y camiones. Se nos va del todo cuando pisamos sin respeto, despreciamos la sangre y yo que sé cuantas barbaridades más.


Mientras se marcha, se apaga, y se nos va esta temporada. Unos meses que volvieron a repetir cansinos su vaivén de caravanas, sueltas, tiros, caracolas y momentos. Por en medio han faltado cochinos –ojo a lo ocurrido en Monfragüe, que parece más que una coincidencia-, nos han frito a inspecciones, sobre todo a las almas de esto, a los que le dan sentido; pues se quiera entender o no, los perros y quien los cría, cuida y manda son mucho más que nuestro todo (Aunque haya de todo, como en la viña del Señor).  Se nos va la memoria, y no somos capaces de recordar donde está el meollo de todo este tinglado, se nos va cuando se nos olvida quien caza, y quien en su catrecillo espera, creyéndose a veces con derecho a todo, sólo por haber puesto en la mesa algunos “lebros” que dicen algunos.


Se nos va queriendo saber todo, intentando controlar lo incontrolable, o creyendo saber más que nadie. Se nos va queriendo ocuparnos de que los demás piensen tal y como nosotros, o se nos va juzgando sin conocer, poniendo etiquetas cómodas. Y es que se nos va con todo aquello que no sea disfrutar, aprender, e intentar hacer las cosas cada día mejor.


Cada uno es muy libre en su hacer, siempre que cumpla con la legalidad y no perjudique a los demás, pero tampoco es menos cierto que uno sabrá que es lo que le llena cuando de ir de montería se trata. Pero vamos, de una manera u otra, y sin querer venir del cuchillo de Covarsí o del rifle del duque de Arión, deberíamos empezar a preocuparnos por los derroteros que esto toma, de alzar la voz y hacernos respetar, y todo ello sin olvidar que tenemos la casa desordenada, y con las cosas mezcladas, dejemos a las claras que es cada cosa, donde queremos estar y como queremos que se nos vea, y mientras tanto… otra temporada de monterías, se nos va. Con Dios señores.


DEDICADO A TODOS AQUELLOS QUE VIVIENDO EL MONTE CON PASIÓN, NOS HAN DEJADO EN ESTA CAMPAÑA. Sirva como humilde homenaje.

F. J. López Maraver

Fotos: Autor.
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS