RECECHO DE MACHO MONTÉS EN LA R.R.C. DE LA SIERRA

Una de las primeras peripecias cinegéticas que me contó el gran Guillermo al poco de conocerle, fue su rececho de cabra en la reserva cacereña que linda con Gredos. Es por eso que cuando abrí el blog, comencé a pedirle que redactara algo sobre aquella experiencia, y por fin este relato es ya una realidad. A lo mejor algunos ya lo conocéis, pues ayer mismo también fue publicado en el foro de la Peña de Monteros Temerón (de la que hablaré próximamente), pero no por ello pierde un ápice de calidad, ni deja de ser para mí un honor que Guillermo me haya dado su beneplácito para ponerlo aquí. Sin más os dejo con el relato. Un saludo “Una buena mañana del mes de mayo de 2007 me encontraba por Don Benito haciendo gestiones. Al otro lado del teléfono se encontraba mi padre, quien me daba la noticia de situarme entre los agraciados en los sorteos de caza de que ofrece la Junta de Extremadura a través de su oferta pública de caza. El permiso sería nada más y nada menos que para recechar un macho montes, las fechas serían del día 3 al 5 de abril de 2008.En aquella fecha, no sin antes prepararme y empaparme de todo lo que caía en mis manos referente a la caza del macho montes; viajaría a la localidad cacereña de Tornavacas para desarrollar, la que fue mi primera experiencia en la alta montaña. Llegué al pueblo en cuestión y todo fueron buenas impresiones, me encontré en primer lugar con la floración de los cerezos -espectacular- y con unas gentes muy agradables, tanto es así que ante la tardanza del guarda por encontrarse haciendo labores de vigilancia; la dueña del mesón nos enseñó los magníficos trofeos de su marido y nos puso además de unas excelentes bebidas y tapas, además de un mejor video que la Junta mando hacer a un conocido productor, en el que aparecía la biodiversidad de la Reserva de Caza; en cuanto a flora y fauna se refiere. Cenamos excepcionalmente bien, como no puede ser de otra manera en esos pueblos del norte de Cáceres y tuvimos una mejor conversación con la guardería de medio ambiente. Me comentaban que tenían un macho seleccionado para mí, aunque no le veían hacía semanas, lo apodaban “El Tonto” porque siempre iba solo desde que apareció por aquellas crestas, con unos seis años procedente de la lindera Reserva de Gredos, en Castilla y León. De tonto, me contaron que no tenía un pelo, al día siguiente pudimos constatarlo. Quedamos a las 7:30, pasaban las horas y no pegaba ojo, ni lo pegué en toda la noche. Me levanté, me duché y como a los buenos toreros no me entraba nada en el cuerpo. A las 8:30 de la mañana, una hora tardísima a mi parecer, comenzamos a subir la montaña después de alguna hora de coche usurpando la misma. Caminando nos dimos tres horas hasta que divisamos las primeras monteses, que con recelo se quedaban mirándonos a mas de 500 metros. Era la primera vez que veía esas criaturas de aspecto endemoniado en su hábitat natural, debo reconocer que aquello me seducía.
Decidimos entre todos que buscaríamos al macho que tenían seleccionado para mí, por ser más viejo que los que teníamos a la vista y para ello había que esforzarse. Teníamos tres días para darle caza. Paramos en una choza para tomar un café y así recuperar fuerzas, partiendo otra vez enseguida ya más fortalecidos. Continuamos subiendo pendientes vertiginosas y barriendo a través de los prismáticos todo cuanto estaba a nuestro alcance, tras dos horas conseguimos ver a nuestro macho montes a través de nuestros aparatos ópticos y a gran distancia. Nos quedamos apostados en la cresta de una montaña justo enfrente donde se encontraba, a más de 600 metros. Me dejó asombrado la seguridad que disponía el personal para reconocer al animal a tanta distancia, mientras, el guarda nos explicaba, vara en mano; señalando en tierra cual era la estrategia a seguir. Terminó con un:
-¿Alguien tiene algo que decir?
Desde luego que ninguno y menos un servidor por su inexperiencia en esas latitudes iba a exponer otra estrategia o modificar esa que veía perfecta, sería de perogrullo. La cosa se ponía más seria por la responsabilidad que llevaba encima pues me hacia una tremenda ilusión poder darle caza a una especie tan singular, icono de nuestra fauna, una especie que la tenemos cerca pero a la vez tan lejos por motivos económicos más que de otra índole. Como me refería antes, nos dispusimos a poner en marcha esa estrategia, quitándole las tapas al visor y cargando el rifle para después no hacer ni pizca de ruido. Me di cuenta que ahí empezaba la entrada, así que le dimos un rodeo a aquel gran peñón coronado por un grupo de machos, en el que cerca de ellos se encontraba nuestro elegido. Conseguimos ponernos en media hora de reloj, a 350 metros de él -tarea nada fácil- , a esa distancia y con el cansancio que llevaba me negué a disparar.
El macho corría y se situaba cada vez más lejos, se tapó en medio de una garganta. Lo perdimos por unos instantes, mientras mi padre; que estaba en las crestas antes mencionadas, me decía por radio su situación y por donde me iba a salir. Nosotros andábamos más y más, para intentar acortarle, de nuevo le tuve a tiro, esta vez sobre unos 250 metros. Mi cansancio me impedía disparar, por culpa de la agitada respiración. El animal se quedo inmóvil mientras un grupo de machetes jóvenes intentaban rodearle.
¿La última oportunidad a un viejo rockero? Quién sabe… mientras, yo intentaba relajar mis nervios metiendo al macho en la lente. El mismo se movió unos 30 metros, y a 280 metros, antes que el grupo de machetes lo tapase, hice un disparo con mi 7 magnum.
Vi a través del visor como se ponía literalmente de manos. El macho desapareció entre una gran algarabía, conjuntada con una espesa nube de polvo blanquecino. Me quedé más tranquilo y relajado, cuando mi padre por radio me comunicó que había visto el lance a través de sus prismáticos. Él, mientras me maldecía por mi tardanza dándome la entera seguridad, que en efecto ya era nuestro. Esperamos un rato mientras echaban un cigarro y sin fiarnos un pelo del asunto, en aquellas agrestes crestas nos dispusimos a acercamos.
No sin alguna caída conseguimos llegar donde se encontraba, nos topamos con un animal precioso de catorce años que yacía a escasos metros del lugar del disparo. Le encontré explicación a esa nube de polvo blanquecino, pues la munición pasó al macho y la punta dio sobre un peñasco de los gordos que tenía el macho detrás. Nos hicimos fotos, comimos en el lugar del lance, en un ambiente muy agradable; pero nos hizo corto ya que debíamos disponernos a bajar hacia los coches, antes de que pudiera caernos encima la noche. Cuatro interminables horas por lo duro del descenso, si cabe más que el ascenso, pero sin duda una experiencia que me encantaría repetir. En definitiva esto es caza auténtica, pura y sobretodo noble”.

3 comentarios:

  1. Magnífico! Ya pensaba que se te iba de rositas hasta el siguiente día D. Guillermo, ¡jejejejeje! Gracias por publicarlo aquí también Javi, que antes de ayer se me olvidó comentarlo ;).
    Ya no queda nada para que estemos ya con el lío...
    Un fuerte abrazo.

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  2. No queda na' don Luis.
    Y si, como ves no se ha escapado este Guille. A ver si te animas tú también y afinas la pluma.
    Un abrazo

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  3. Extraordinario Guille, sencillamente extraordinario.

    Un abrazo tío grande.

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