CINEGÉTICA GARRIDO. PRESENTACIÓN TEMPORADA 2009-10

En el día de ayer nuestro amigo Enrique Garrido nos convocaba en el Hotel Restaurante Los Alisos en el cacereño pueblo de Aliseda. La intención del mismo era presentar su calendario de caza para la temporada venidera. La estrella del programa es el calendario de monterías, si bien Enrique ofrece también caza menor e internacional.
A las 14:00 nos reunimos allí unas sesenta personas, invitadas por Enrique a un buen vino, y viandas varias… más de uno nos pusimos “moraos”. Y además todo riquísimo tal y como es habitual en el Restaurante de Los Alisos.
Tras los primeros bocados y tragos de buen vino, Enrique; sentado junto a sus colaboradores más cercanos, se incorporó y se dirigió a los allí presentes agradeciéndoles el haber asistido a su convocatoria y explicando los pormenores del calendario cinegético que allí presentaba.
Propietarios de fincas, anunciantes del calendario, postores, perreros, monteros y amigos escuchamos con atención la detallada explicación de nuestro anfitrión.
Destacan en el programa: las posibilidades de caza menor, tanto en temporada general como en media veda y descaste; y además una acción completa para los aficionados al perdigón. Además se ofrece la posibilidad de viajar a Guinea tras tórtolas, palomas, gangas y perdices comunes o de piedra, con la posibilidad de abatir algunas especies de mayor. Ahora bien la estrella indiscutible del programa, tal y como digo es el calendario de monterías. Siete monterías en la provincia de Cáceres, más otras dos de invitación a accionistas.
Las fincas a montear están situadas en Sierra de San Pedro (Alpotrequillo, La Jabalina, El Cuarto de La Casa y Solana de Alpotrequillo), Tajo Internacional (Campete y El Frawi), Alconetar (La Atalaya y El Renge) y Monfragüe (La Moheda).
La estrella del calendario es la finca La Moheda que linda con el Parque Nacional de Monfragüe y donde el año pasado se abatieron más de 100 jabalíes, y casi las cuatro decenas de venados.
Destacan también fincas como El Frawi, Alpotrequillo y Solana de Alpotrequillo con cantidad de cerdoso y cervuno; La Atalaya con cantidad y calidad de cochinos, y La Jabalina y El Cuarto de La Casa que son fincas de mucho venado.
El Campete y El Renge, reservadas en principio para accionistas pueden deparar grandes sorpresas, la primera respecto a los venados y la segunda respecto a los jabalíes.
Estoy convencido que con la ilusión y la pasión que Enrique le pone a esto todo saldrá fenomenal y cosechará nuevos éxitos. Aquí lo contaremos.
GRACIAS ENRIQUE Y MUCHA SUERTE

P.D. Los diálogos de caza, armas y… más cosas; y la cantidad de risas de ayer con tan buenos amigos, fueron también de lo mejor de la jornada.
Foto 3: José Blanco

DEL ARTE ATRAPADO EN UN INSTANTE

Como ya dije con anterioridad, es bueno dejar pasar algo las cosas y escribir con cierta perspectiva tras el paso del tiempo.
Han pasado ya más de 24 horas desde que Morante de La Puebla presentará su arte, efímero y eterno; en el coso madrileño de Las Ventas.
Quien esto suscribe tuvo la grandísima suerte de estar allí para verlo (GRACIAS Ángel). Fue sublime, un torrente de emoción desbordada, una obra de arte que conmueve, como conmueve “La Piedad” de Miguel Ángel o “La Rendición de Breda” de Velázquez. ARTE, lo que allí vimos es indescriptible, no hay palabras y por ello seré breve. No se puede contar ni explicar, el chispazo que provoca un capote acariciando el aire frente a la testuz de un toro. No se puede explicar la intensidad y emoción del comienzo de esa faena de muleta. Torería rebosante.

Solo darle las gracias al sevillano, gracias por ofrecernos esa obra sublime; gracias porque en el desierto que se está convirtiendo por momentos la lidia, esto es más que un oasis. Es la esperanza de que el arte del toreo vive y está presente. GRACIAS

PERSEVERAR

A fecha de hoy, han pasado ya tres días desde que se produjo el ansiado desenlace de ese rececho tan trepidante en Asturias. Así, y tal como me dijo un amigo después de lo sucedido, las cosas reposan y se pueden ver con perspectiva.
La verdad ni siquiera sé por donde empezar, si bien ha de ser de justicia dar las gracias a Carlos, por su complicidad, su buen hacer y su amistad, además de por perseverar. Felicitar a Ángel, por la captura en sí, por su actitud tranquila durante la caza, por ese disparo tan complicado, por lo que él y yo sabemos y además también por perseverar. Agradecer también a Víctor su apoyo, su ayuda, su complicidad; a José Mari el abrirnos las puertas de aquellas tierras y su sincera amistad. Soy un afortunado por conoceros y teneros como amigos.
Todo acabó el lunes, si bien el permiso había comenzado el viernes por la mañana y por tanto habíamos apurado hasta el último día; algo harto infrecuente por aquellas latitudes. Pero es que los mejores ejemplares son exigentes en todo lugar y estas cosas pensándolo bien, pueden y deben ocurrir. La realidad es que esto le da grandeza a esta bendita locura.
Entre un día y otro, de todo. Soy incapaz de hacer un relato cronológico de estos cuatro días, son tantos recuerdos, tantas anécdotas; todo se me agolpa. No os lo podéis imaginar, desde corzos que saltan al monte justo cuando se va a apoyar el rifle para disparar, y eso sin que el corzo haya dado antes muestra de haberse asustado; jabalíes a cinco metros que te fastidian una buena entrada y te cambian las querencias del bicho, mirones y paseantes que no se enteran de nada y te arruinan una entrada, fallos garrafales nuestros por hacer entradas con prisas, corzos ladrando y corriendo por pelearse entre ellos; frío, calor, “orbayu”, chuzos de punta, niebla, sol que pica... de verdad de todo; no hay palabras.
Nos habíamos centrado en tres corzos. El que finalmente cayó; otro que tenía una entrada muy complicada en un lugar muy tupido de zarzas, helechos, hierba alta, avellanos y con una eucaliptera muy sucia detrás y otro más, muy alto de cuerna que yo y Carlos, nuestro amigo y guarda, habíamos visto semanas atrás, éste capreolus tenía a mano múltiples prados a los que salir, en una zona realmente bonita.
Además de estos tres, nos descartábamos alguna sorpresa y otro corzo más que se encontraba en uno de los límites del coto.
El de la complicadísima entrada el primer día nos la jugó, el fallo fue nuestro, hicimos una entrada demasiado rápida para un corzo que había que cazar prácticamente al salto. Hicimos dos o tres entradas más sin éxito, siendo en una de las cuales cuando nos encontramos con una “gocha” y su par de bermejos, teniéndolos a escasísimos metros. Además probamos suerte una última vez en la que sólo entraron Ángel y Carlos, tuvieron el corzo encima, pero la vegetación impedía el disparo y el corzo notando su presencia no paraba quieto dando carreras en círculo y ladrando. Y yo a cincuenta metros escuchando la “berraera”… os podéis imaginar mi cara.
El alto de cuerna, no lo conseguimos ver en los cuatro días, sólo un paisano logró verlo y nos avisó el domingo por la mañana. Cuando llegamos al lugar ya no estaba, pero sí otro corzo bastante alto también y que sin ser el otro, era más que cazable.
Bien entonces a por él, estaba a tiro; unos 110 metros como mucho. Lo que pasa es que con estos bichos nunca se sabe. El animal parecía tranquilo y se decidió unánimemente recortar unos 10/15 metros para asegurar más el tiro, pues alé por asegurar tanto, saltito al canto y justo cuando Ángel encaraba el rifle, se internó en el monte.
El animal del límite no logramos verlo ningún día, y eso que Carlos lo estuvo observando un par de veces, pocos días antes de que comenzáramos a recechar. Aunque también es verdad que siempre fuimos allí en horas ya tardías.
Y al fin nuestro amigo, sólo se equivocó el lunes por la mañana, además semanas antes se había salvado in extremis de los disparos de otro recechista.
Pierdo la cuenta de las veces que nos la jugó. Primero aquellos ladridos mientras corría tras venir de pegarse con el corzo del cuerno partido (Un amigo del señor Diego y mío), eso fue una tarde y una mañana, en ambas ocasiones con escasísima luz y nosotros con cara de estúpidos viéndolo corretear y escuchándolo ladrar incansablemente. La verdad, era un espectáculo.
Seguimos intentándolo, perseverando, insistiendo. Así, otra tarde nos pusimos a esperarle en un “cuetu” (un cerrete) justo delante del bosque de eucaliptos donde encamaba. Carlos se dejo caer a la izquierda, Ángel justo en lo más alto y yo a la derecha. Primero fue una corza muy lejos, a más de 300 metros. Pero al poco, justo de debajo de Carlos a unos 60 metros aparece el corzo, va al paso tranquilo, no sabemos de donde salió aunque sospechamos que podía haberse desencamado justo de la parte baja del cerro, entre unas “cotolles”. Ante la situación, la cual yo no logro ver; se espera a que el corzo que iba derecho a los eucaliptos, pero tranquilo; se pare justo ante un alambre para el ganado o en la misma entrada al monte. Pero el bicho no para, Carlos se echa las manos a la cabeza y Ángel que lo tuvo dentro del visor simplemente se resigna.
Poco a poco anochecía, se ven algunas corzas y se oye nítidamente el andar del seis puntas por entre los eucaliptos. Y entonces, justo casi sin luz, sale; pero está muy largo. Le harán la entrada ellos dos y yo desde lo alto del “cuetu” vigilaré. A pesar del sigilo, el animal levanta la cabeza. Ángel está abriendo el trípode y de nuevo… bueno, ya lo sabéis.
Pero señores, hay que insistir, hasta el rabo todo es toro y aunque no negaremos que la cosa se ponía fea, perseveramos. A la mañana siguiente no somos capaces ni de verlo, sólo corzas. El día había sido soleado, como la tarde del viernes y todo el sábado, pero esa tarde el tiempo cambió, se nubló, menuda tarde se quedó.
Víctor y Mario, otro amigo; vinieron a echarnos un cable ante el cariz de los acontecimientos. A las ocho de la tarde, junto con Víctor fui a intentar ver al susodicho. Paramos a unos cuatrocientos metros del supuesto encame de la eucaliptera. El lugar estaba tranquilo, prismáticos, mirón (telescopio terrestre) y al principio las damas, hasta cinco. Tras una de ellas, miró y lo confirmamos con el mirón… él.
Llamamos, les decimos donde está y les sugerimos que entren por arriba, desde detrás del bosquete. Mientras nosotros nos recreamos. Cuanto más mirábamos mejor nos parecía el duende. Además, él y la corza se iban aproximando poco a poco al lugar por donde entrarían guarda y cazador, lo podrían tirar bien cerca. ¡Qué felices nos las prometíamos después de todo! Sin embargo no nos cercioramos que esa cercanía daría al traste con esa nueva oportunidad. Por nosotros, ellos habían sabido que la pieza estaba en la esquina del bosquete junto a un muro de piedra, pero no sabían que el corzo se había ido acercado al lugar desde donde se supone lo verían.
Finalmente, asomada y corza a tres metros… a correr. No nos lo podíamos creer, pero dándole vueltas después llegué a una conclusión clara: teníamos que haber vuelto hablar con ellos antes de que hicieran la entrada.
De nuevo roto el ánimo, no podíamos rendirnos, ellos por un lado y nosotros por otro, si veíamos algo les avisaríamos, y quedamos en que nosotros volveríamos donde nuestro corzo más deseado, por si tras el susto y a pesar de todo, pudiera salir de nuevo.
Vueltecita por los alrededores y tras ver un corzo prometedor para campañas venideras, regreso al lugar de nuestros pecados.
Allí, ¡sorpresa!, el maravilloso seis puntas y dos de sus corzas. De nuevo llamada:
-¡Rápido!, que se hace de noche…
Están muy lejos del encame, en medio de todos aquellos prados, incluso por detrás del “cuetu”, la entrada en un lugar tan limpio no es ni mucho menos fácil.
La cuestión, dos oportunidades en una tarde, y dos oportunidades desaprovechadas. No sé ni lo que pasó en este segundo caso, los animales pasaron tras el cerrete y no hubo opción a verlos.
Era domingo por la noche, y después de algo así, de nuevo las esperanzas flaqueaban. La cara de Carlos era un poema, no lo podía creer.
El lunes amaneció, como el viernes; lloviendo; lo que nos faltaba. A pesar del agua, había que seguir intentándolo, era la última salida, por la tarde había que estar en Madrid.
Venga, al lugar de los pecados, señorío de nuestro corzo. Esperamos a que hubiera más luz. Tras lo cual entramos en plaza y solo vemos hembras. No pinta bien, pensamos en cambiar de zona. Entonces llegó la casualidad, el destino… ¡qué se yo! Saliendo del lugar, ¡bingo!; lo vemos. Como la primera oportunidad de ayer hay que entrar por arriba.
Cae el “orbayu”, andamos despacio, nos asomamos desde lejos y lo vemos. Está justo en el pico de los eucaliptos, lejos; nos mira; está quieto. Ángel se apoya… y tras la detonación, Carlos dice:
-Ya está…
Locura, salto, corro, pego voces, abrazo a ambos. Ángel corre hacía el lugar del abate, al llegar tiene que rematar al animal. Lo vemos, llamamos a Víctor.
Lo hemos logrado, la alegría es inmensa bajo la fina lluvia.
Personalmente para mí está muy claro, había olvidado aquella lección del primer corzo que Ángel y yo cazamos, fue entonces en Extremadura y también en el último momento.
No se nos puede olvidar, hemos de insistir, ser inquebrantables; es verdad que la caza, caza es, y si el animal no venciese casi siempre esto no tendría gracia, pero hemos de PERSEVERAR. Como dicen unos buenos amigos, hemos de ser: INMUNES AL DESÁNIMO.

En memoria de Fco. Javier Pérez, él fue el primero que me confesó disfrutar con uno de mis relatos. GRACIAS

Foto 5: A.L.M.