SEGUIMOS CORCEANDO

Después de dos semanas, en las cuales pude salir al campo el fin de semana de entre medias disfrutando del verdor de la primavera extremeña, pero sin ver ni rastro de corzos por estas latitudes; este jueves volvía para Asturias.
En esta ocasión iba a acompañar en un rececho al hijo de unos buenos amigos de mi familia. La verdad, él; estos días ha estado más que a la altura, y sobre todo a sabido disfrutarlo que es lo que más se agradece.
Por si fuera poco hemos tenido la suerte también, de que su madre gran aficionada también a la caza del capreolus; acompañara en el momento del lance y también disfrutara.
Ha sido un buen fin de semana, a pesar de la ausencia de Carlos, si bien en este caso el celador del coto tenía un motivo de enhorabuena, pues estaba siendo papá. Desde aquí un abrazo fuerte para él y para Bea.
Como decía, el fin de semana ha sido genial, junto con mi primo, nuestros amigos de Madrid, Víctor y otros colegas astures, hemos podido ver multitud de corzos, hemos disfrutado de un tiempo magnífico, y de un campo engalanado con unos verdes muy intensos, propios de los comienzos de primavera en el Principado.La primera mañana, disfrutamos de poder avistar varios corzos, uno de ellos realmente curioso por la rareza de su cuerna y merodeamos por lugares junto al mar, algo que tanto me gusta cuando estoy de corzos por el norte, y que también gustó a nuestro amigo y a su madre.
En esa primera salida fue cuando pudimos verle también a él, ¡qué preciosidad!, un macho ya cumplido, con un defecto en su cuerna de esos de los que a unos gustan y otros disgustan, ese magnífico perlado, y esas rosetas caídas. Desde que lo ví, y des de que apunto estuvimos de tirarlo, lo supe, tenía que ser él. Me encantaba ese corzo.
De este modo por la tarde, y ya que ahora seríamos varios para ayudar en el rececho; no lo dudé, me ofrecí voluntario a atalayar en la zona donde lo vimos a la mañana y allí me quedé esperando. Por otro lado vigilaría Mario, y hacia la mar estaría Javi. Recechando puramente: Víctor, que hizo de guía en esta ocasión, nuestro invitado y su madre, y mi primo Ángel.
La verdad lucía el sol entre nubes finas, pero la tarde estaba muy mala por el aire, y no terminaba yo de verlo desde lo alto del “cuetu” donde me encontraba. Tras la primera hora y media, y cuando ya Javi se había ido a vigilar hacia la mar, apareció Mario, y se quedó conmigo ya que donde le habíamos asignado había gente disfrutando de la tarde, y así; corzos pocos.
Al rato de estar allí y justo donde vimos a nuestro protagonista unas horas antes apareció una corza, la cosa entonces parecía apuntar para bien, pero… no, el macho allí no salía. Al rato y cuando Mario miraba hacía el oeste me llamó, para que mirara pues veía dos corzas correr. Y fue entonces cuando además de a estas dos damas descubrimos al macho, pude ver que valía; pero no supe que era él.
Llamé a mi primo y les avisé de que allí había un corzo válido, fue entonces cuando a pesar de que Javi les llamó para avisarles de otro macho, fueron para allá pues les pillaba más cerca, y al llegar y verlo Víctor por el mirón, me llamaron y lo confirmaron, era él. Ese macho perlado de rosetas caídas que a mi me había gustado a la mañana.
Yo desde la alto seguía mirando junto a Mario, no sin antes pegarme un buen porrazo desde lo alto del murete de piedra que me servía para otear; con mirón y prismáticos a unos 300 metros de la escena principal.
Al rato yo al macho dejé de verlo, pero bien sabía que estaba tras un bosquete que me entorpecía la visión, y las hembras seguían con sus carreras, acercándose peligrosamente a los que iban a hacer la entrada.
Poco a poco fueron entrando en plaza, controlando a los animales, y yo con Mario viendo la jugada desde nuestra atalaya. Consiguieron colocarse tras una gran zarza, a poco más de cien metros de nuestro amigo, al que yo seguía sin ver pero intuía.
Entonces me llamó Ángel y en voz muy baja me informó que lo estaban viendo, estaba tumbado y las corzas, pastaban junto a él.
Observé que nuestro amigo se preparaba, y comenzamos todos a esperar a que el corzo levantara. La luz cada vez era menor, y los minutos pasaban. La verdad al ver que no se producía tiro ninguno, yo andaba hecho un flan; y justo cuando parecía que ya no iba a tirar… ¡¡pum!! Recé, entonces para que por favor hubiera acertado.Salí pitando con Mario, nos llamaron y nos lo confirmaron, ese precioso corzo había caído. Fue perfecto, era un corzo cumplido, nuestros amigos lo disfrutaron, la entrada fue perfecta y nosotros y nuestros amigos astures estábamos contentos.
Gracias Víctor, y gracias Hugo.
Un abrazo a todos.

Fotos 1 y 5: V.C.P.
Foto 2: B.L.
Foto 6: A. L. M.

9 comentarios:

  1. ¡¡Ufff, qué rececho acabo de hacer con vosotros!!. Magnífico. Ya me has puesto con las orejas de punta. Enhorabuena. ¡Pucha Asturies!

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  2. GRACIAS, me alegro de que te haya gustado.
    Sólo una cosilla, ¿nos conocemos tocayo? No caigo ahora quien puedes ser.
    Un saludo

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  3. Muy bueno Javi, como si lo hubiera vivido......... Por cierto, donde es la foto de los "bolos"?

    Un abrazo.

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  4. Como si lo hubieras vivido, ¿verdad? Jejeje...
    Y la foto, no sé yo ahí no estaba, pero creo que pa' allá pa' el límite.
    Un abrazo señor

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  5. Una vez más Gracias Javi, un relato precioso para un corzo perfecto. Un fuerte abrazo

    P.D. "mi entrada", que será un placer escribirla, la reservamos para la temporada montera... y de una montería a la que vayamos juntos, ¿te parece?

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  6. Sería una excusa perfecta para montear entre saltilleros. Eso si a pachas, y tú ya sabes que a mi me va el cervuno, ¿eh? jajaja.
    Un abrazo Quicho

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  7. ¿A pachas? a pachas tendremos que recoger los bichos de la armada, así que yo que tú escogía una de cochinos. Eso sí, si prefieres cervuno ya sabes que conmigo lo vas a tener fácil...
    Un abrazo señor

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  8. Quicho, como sea, pero por favor que de alguna manera sea; que ya se sabe que luego llegan los fines de semana y la preparo.
    Un abrazo señor

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  9. Bonito rececho Javi y precioso el trofeo, enhorabuena.

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