CON BUEN SABOR DE BOCA...

Finalmente y a falta tan sólo de rematar la semana que viene con el gancho de cierre de temporada, el calendario de Temerón llegó a su fin el sábado pasado. Echamos la última mancha de las previstas, la sierra más dura y escarpada de “La Sociedad”: Los Ciburnales.
Como siempre el día anterior hubo previa, esta vez en la capital de la provincia cacereña. Sorteamos en el Extremadura Hotel, donde muchos nos hospedamos, y cenamos GRACIAS a la intendencia de don David Caldera en “El Rafael”, donde se produjo también el ya clásico sorteo, amañado no…; amañadísimo, de los regalos que se aportan.
En esta ocasión tuve la suerte de que desde Córdoba viniera a acompañarme el señor don Federico Torralbo, Fede; como le gusta que le llamen. Fue un auténtico placer para mí el compartir con él la última de las monterías de esta peña a la que pertenezco. Señor en la calle, en la cena y en el puesto; y encima tuvo un detalle precioso conmigo, que por otro lado me obliga (con todo el gusto del mundo), para ir a visitarlo a su tierra.
También nos acompañaron en el sorteo, y algunos incluso en la cena; los hermanos Caldera (David, Manu y Borja), sus compañeros saltilleros José Carlos (“sopié”) y “Testero”, el amigo Quicho, Óscar Cadenas y su hijo, y el siempre agradecido y correcto Javier Carrasco, otro señor donde los haya, y algunos amigos más.
La noche finalmente se hizo larga para algunos, pero a pesar de todo a las ocho de la mañana salió para el monte la armada de voluntarios de la cuchilla. Tenían un trecho…
La mañana era soleada, pero hasta el mediodía molestó una niebla intermitente, que por lo menos favoreció a los más fotógrafos.
Batieron la mancha más de treinta rehalas, entre las cuales de lo que yo pude ver, hubo de todo; muchas muy buenas, y algunas… en fin, de esas prefiero no hablar. El monte estaba bueno de cochinos y se divirtieron en los extremos de la cuchilla, en las traviesas de la Erilla y el Madroño, y en la parte más baja del Rivero del Castaño. Falló el cervuno, a pesar de que se observó mucho en semanas y días anteriores; y no cumplió ningún venado de esos grandes de los que sabemos que existen en la zona.
Al final del día, y GRACIAS AL TRABAJO DE AQUELLOS QUE COLABORARON EN SACAR LOS ANIMALES DEL MONTE (Gracias, especialmente a Manolín) se presentó una junta donde destacaban cuatro buenos navajeros, abatidos por Manuel Aragoneses, Guille “Khomas”, José A. Cobos, y José “Jaralero”. En total 3 venados y 21 cochinos fue el resultado final.
Así, casi termina este año cero de la Peña de Monteros de Temerón, donde hemos sacado muchas cosas en claro, que nos ha servido para saber cómo queremos hacer las cosas, y en el cual tenemos que agradecer profundamente su esfuerzo, y saber estar a muchas personas. GRACIAS a Andrés, por sus palizas por el campo y su bendita paciencia, a Manolín, porque es lo más grande de Casas de Millán; al “Dioni” guarda de “Valdesauce”; a Paco Vera, que en acto valiente y que le honra ha aceptado ser nuestro presidente, a la mucha de la buena gente de La Codosera, por su ayuda y su cariño hacia la peña, en especial me gustaría acordarme de Juanjo, a Enrique por su ayuda desde el comienzo, su colaboración en todo momento y su saber estar, y a todos y cada uno de vosotros temerones, por estar ahí, por ayudar en la medida de vuestras posibilidades y por compartir este proyecto que esperemos el año que viene vaya a más y sea todavía mejor; seguro que juntos lo conseguiremos. Un fuerte abrazo a todos, y otro especial a aquellos que se animarán a acompañarnos la temporada venidera.

P.D. Ojito con lo del domingo que lo mismo la preparamos…

Foto cabecera: Pablo Guitarte
Fotos 1, 2 y 5: I. M. L.
Foto 3: D. Caldera
Fotos 6 y 7: Silvia

MONTEANDO DE PENALTI

Este pasado fin de semana lo tenía libre. Pensaba dedicarlo a comenzar a preparar los exámenes. De hecho nos habían llamado para un cosa el sábado a José y a mi, y habíamos dicho que no. Había bastantes kilómetros y muchos peligros en forma de copas y juerga. Sin embargo el jueves por la tarde recibí la llamada de Nacho Hormigos para decirme que si José y yo queríamos ir a su finca el sábado por la mañana. Hasta allí hay pocos kilómetros y la verdad pasar esa mañana en el monte apetecía, pues a un servidor le tocaba trabajar por la noche en la capital. Aceptamos y el sábado a las 7:10 recogía a José en Torrejón.Estuvimos los tres juntos danzando por aquellos montes, y asistimos a la junta de carnes de la montería en “Linarejo” junto con don Pedro, padre de Nacho; y allí nos encontramos a buenos perreros de la zona como Manolo Ovejero y Antonio Díaz “Cañina”. En la junta tomamos un café e hicimos algunas fotos, pero pronto nos marchamos de vuelta a Madrid, pues a mi como digo me tocaba “tajo”.
De vuelta por la autovía recibimos la llamada de Andrés que andaba por los lugares mencionados al principio, de copas y juerga. Nos comenta que allí se le va hacer muy tarde y que si queremos ir al día siguiente a sustituirlo a “Casaliebres”. Y es que para ciertas monterías el bueno de Andrés confía en nuestro buen hacer.
En principio José acepta, aunque le dice a Andrés que en una hora y media le llama; pues yo al trabajar en unas horas, digo que no puedo ir.
Mi collera cinegética se pone a buscar acompañante infructuosamente así que al final, y a pesar del cansancio que voy a arrastrar, le digo que no se preocupe, que cómo le voy a dejar irse sólo.
Estuve trabajando y gracias a los compañeros me pude ir pronto, a las 5:00 había quedado con José en mi casa. Puntual se presentó y los dos con esperanzas y sueño nos fuimos para allá. Habíamos quedado en la portera de la finca con Tete a las 8:45, y de ahí al desayuno, donde este SEÑOR y amigo se portó una vez más, y nos dejó unas cuantas balas pues llévabamos pocas.
Éramos como una veintena de puestos, y se rumoreaba que aquello estaba bueno de marranos. Además nos dijeron que podíamos tirar también venados, cosa que en principio pensábamos que no se nos permitiría.
Nos había tocado el 2 de Golilla. Salimos para allí montados en el coche del postor y guarda de la finca. La zona era un eucaliptal de repoblación joven donde había crecido la jara y se podían encontrar también algunos viejos alcornoques. Bajo uno de estos árboles se situaba nuestro puesto, y allí preparamos bártulos y cargamos el rifle. En esta ocasión utilizaríamos el Sauer de José y comenzaría yo con los lances.
No habían pasado tres minutos y comenzamos a oír el monte, eran cochinos que se movían por encima nuestro como a quince metros entre las jaras. La tensión se apoderó de la postura y tenía el corazón revolucionado. Vislumbré dos manchas negras que pasaron rápido en un claro y me encaré, pero se me habían pasado. Aún así por detrás venían más. Casi oía más los latidos de mi corazón que el andar lento de los suídos. Los esperé en un clarete y entonces apareció una cochina grande… sin dudarlo, disparé.
Había acertado, la cochina gruñía y más guarros seguían allí, me quedé apuntando atontolinado y no cerrojeé. Finalmente mi compañero me recordó que no llevaba mi semi, y tras recargar; fallé por muy poco a un cochinete de unos cuarenta kilos.
Corrimos a rematar a la cochina. Primero acudí a cuchillo, pero aquello estaba muy vivo e incité a José a dispararla de nuevo y ya la cosa se calmó, pero aún así el animal se movía y señor “cardeno” se tiró que ni el Montero de Alpotreque a rematar con su cuchillo a la guarra.
Nuestra alegría era patente. No habían ni soltado y ya habíamos tenido un lance precioso. No pasaron cinco minutos y se produjo la citada suelta. Los de Aragoneses, excepcionales por cierto; empezaron a correr y registraban todo. Así cuando llegaban a nuestro puesto y tras un agarre muy corto, una nueva ladra encendía el monte. Pude ver pasar por debajo nuestro un jabalí enorme y detrás un par de perros que lo acosaban. José se puso en alerta y entonces apareció de frente.
Era un auténtico obús que nos entró a no más de seis metros, José aguantó y en cuanto el bicho se sesgó le mandó el primer recado. Aquella mole a pesar de pegarle, ni se inmutó. Tres pasos de José y como a veinte metros, nuevo disparo acertado y aquello que seguía su camino.
Estábamos atónitos, pero no tardó ni diez segundos en producirse una ladra a parado a escasos metros del puesto. Para allá que nos acercamos y contemplamos aquella enorme cochina a la que el perro ladraba de lejos. Al vernos llegar y con el animal tan vivo, el perro se apartó haciendo como que la cosa no iba con él. Aprovechamos el momento, y José intentó rematar de un disparo pues aquello estaba todavía muy, muy vivo.
Fue entonces cuando la cochina se acostó junto a un eucalipto y se acercó de nuevo el perro de antes y otro más, pero eran poca fuerza y no agarraban a semejante animal. José intentó entrar por detrás con el cuchillo, pero el animal se revolvió e hizo ademán de arrancarse, mientras yo buscaba el alcornoque más cercano.
Le dije a mi amigo que esperara que con la ladra de los punteros, vendrían más canes y agarrarían. Así fue. En cuanto el primer perro se arrancó a morder, y pese al viaje de la cochina; se produjo un agarre precioso que de certera puñalada, y por segunda vez en el día; don José resolvió con una maestría absoluta.
No cabíamos a en sí de gozo, eran los 11:35, llevábamos sólo cuarenta minutos en el puesto y habíamos resuelto dos lances preciosos y muy distintos.
Los perros avanzaron y los tiros se oían ya lejos. Pasamos el resto de mañana atentos y por supuesto contentos mientras observábamos atónitos los enormes bandos de palomas que por allí pasaban.
El día y la suerte para nosotros se nublaron durante dos horas, pero al regreso de las rehalas vimos más caza. Primero fue un zorro que José no quiso tirar. Al poco y escuchándose perfectamente vimos un guarro que se vaciaba a lo lejos por el Cerro Golilla, y por último un par de ciervas que no tiramos pensando que el venado podía venir detrás.A las 14:00 el Capitán pasó por el camino de debajo de la postura y preguntándonos si habíamos hecho algo, nos pidió también por favor que bajáramos la caza al carril. Esperamos el remate de los perros, y procedimos con las fotos en el campo, como a nosotros nos gustan. Arrastramos los animales y los bajamos al carril, donde enseguida nos recogieron Paco y Arquímides, compañeros de armada; y amigos de Tete y Andrés.
Con ellos nos acercamos al 1 y a la suelta donde muy cerca, los perros habían agarrado un buen navajero que tiró Arquímides y que tras un pisteo largo habían perdido. La alegría al encontrarlo allí fue inmensa, y nos echamos unas cuantas fotos. Ya en el cortijo comimos, y vimos a Tete que se marchó a la suelta a ver a los perreros y perros de Aragoneses que tan buen trabajo habían hecho.
En la junta destacaba un buen venado y la ausencia más que prolongada de nuestras cochinas. Finalmente se percataron de que las habían olvidado en el carril, y gracias al joven guarda que nos dejó la “pick-up” pudimos ir a por ellas y llevarlas a la casa. Luego, y una vez guíados los trofeos, nos despedimos del bueno de Tete y de otros compañeros de monteo. Así concluía para nosotros la montería, en un fin de semana donde mi compañero de fatigas y yo: Monteamos de penalti.
Un abrazo a todos