GRANDES FINCAS Y COTOS DE CAZA: LAS CORCHUELAS

Comienza con esta entrada, un nuevo serial del blog que tengo el honor de que inaugure mi gran amigo José María Blanco, espero que esta entrada os parezca tan interesante como me parece a mi. (NOTA: Para ver los planos con detalle pinchar sobre los mismos)
Ahí va:
"En primer lugar agradecer a mi compañero de "fatigas" la posibilidad de escribir algunas palabras sobre algunas de las fincas más emblemáticas de nuestras sierras extremeñas. La riqueza agrocinegética-cultural de las mismas una vez que indagamos sobre ellas es impresionante, estando unidas a dichas explotaciones personajes de relativa importancia.
Iniciaremos este pequeño serial de cotos emblemáticos de Extremadura con la Sierra de Las Corchuelas.
Inicialmente, "Las Corchuelas" era una gran finca de más de cinco mil hectáreas que perteneció a los Bermúdez de Trejo-Grimaldo, señores de Grimaldo y de Corchuelas, con palacio en el poblado de este nombre, cuyos restos aún existen, así como blasones de esta familia en la ermita del Monfragüe. En los siglos XVII al XIX poseyó la finca, como señor y después como propietario, el Conde de la Oliva, que heredó el linaje y propiedades de los Grimaldo y los Señoríos del mismo y de Corchuelas y Oliva de Plasencia.
Ya en el siglo XX, concretamente en 1907, el III Conde de Trespalacios, Antonio Trespalacios Orellana, compró la finca a los Vargas-Zúñiga de Sevilla y Plasencia, quienes habían adquirido de los herederos del Conde de la Oliva. La esposa de Antonio, Dolores Carvajal y Arce, la obtuvo de su esposo y la poseyó durante muchos años, cediéndola en explotación a su hijo Diego Trespalacios Carvajal, cuarto conde de este título. El fue quien construyó el Palacio Nuevo e invitó a una montería en la finca al rey don Alfonso XIII en 1928, el cual también visitó en esta ocasión la ermita de Monfragüe.Por disposición testamentaria de Dolores Carvajal y Arce la finca pasó a Carmen Casillas Trespalacios, sobrina de aquélla que la poseyó hasta finales del siglo XX. A su fallecimiento la heredaron sus tres hijas María Ángeles, María Carmen y María Dolores de Solís Casillas, esta última Condesa de Trespalacios por su matrimonio con el V Conde Diego Trespalacios y López-Montenegro. Antes de su fallecimiento, doña Carmen había vendido diversas partes de "Las Corchuelas", concretamente la llamada "Corchuela de Monfragüe"(venta comprometida ya por suprimo el Conde), al notario don José Hernández García, del que pasó a Arturo Rodrigo y hermanos de Serradilla, cuyos herederos la conservan; siendo conocida hoy como "Corchuela del Notario". También vendió las llamadas "Corchuelas de los Díaz" a José y Emiliano Díaz, que así mismo la mantienen sus herederos.El núcleo central de la finca originaria lo dividieron las tres hijas de doña Carmen, adjudicándose la occidental, con el Palacio Nuevo, a María Dolores; la central, del Palacio Viejo, a María Ángeles y la oriental ("Corchuelas de Arriba") a María Carmen de Solís Casillas. María Ángeles vendió después la umbría de la sierra hasta el Río Tajo al Fondo Patrimonio Natural Europeo.Las principales actividades de explotación de esta finca han sido siempre la caza, la ganadería (especialmente con cabras), y algo de cereales. Desde el puente del Cardenal en el Tajo discurre por ellas la hoy Cañada Real Trujillana, gran parte de la misma está enclavada en el Parque Nacional de Monfragüe. El castillo es hoy propiedad del Municipio de Torrejón el Rubio por cesión del Estado del 11 de febrero de 1971, y la ermita de la Virgen la comparten Torrejón, Serradilla y Malpartida de Plasencia. En 1969 fueron descubiertas pinturas rupestres del Neolítico en las proximidades del Castillo y posteriormente otras en diversos lugares de estas fincas. Por ellas discurre el antiguo camino de Plasencia a Jaraicejo."Las Corchuelas" fue villa de Señorío y tuvo parroquia hasta 1750 en que por los pocos vecinos que quedaban se despobló, pasando aquella y estos a Torrejón. En esta finca estuvo, junto a "La China", la antigua aldea de Almofragüe, hoy desaparecida.
El nombre "Corchuela", proviene de la actividad de la saca del corcho, pues en la finca abundan los alcornoques. Hace 40 ó 50 años en la finca vivían diversas familias que desarrollaban las labores del campo a cambio de comida y alojamiento para vivir; algunas de estas familias vivían en las zonas de umbría para controlar a los furtivos y contrabandistas.Durante los meses de verano en que la condesa habitaba en la finca, el servicio llegaba a estar formado por hasta sesenta personas trabajando.
Durante los años 60, comenzó a disminuir la mano de obra, se empieza a abandonar la explotación, el pueblo arrienda los terrenos y se compra la primera trilladora de la zona. Hace unos treinta años, tan sólo quedaban arrendatarios de pastos para cabras en los chozos u otro tipo de ganado. En el año 75 tan sólo quedan dos arrendatarios de pastos.
En la prolongación de esta sierra podemos encontrar otros cotos emblemáticos como puede ser "Valero", finca del insigne montero don Joaquín Fernández de Córdoba, Duque de Arión, que va a hacer de la caza y especialmente de la montería, una religión; siendo gestionada tras su muerte por Hilda, Duquesa de Montellano. Pero esta finca la trataremos en otro serial."

Fotos y planos: F.J.L.M.
Foto 1: Desde lo alto de la solana de "Corchuelas de Arriba", vista hacia el oeste.
Foto 2: Entrada a "Las Corchuelas"
Plano 1: Zona oeste de la Sierra de Las Corchuelas (Pinchar para ver con detalle)
Foto 3: Venado en "Corchuelas de Palacio Nuevo"
Plano 2: Zona este de la Sierra de Las Corchuelas (Pinchar para ver con detalle)
Foto 4: Desde lo alto de la solana de "Corchuelas de Arriba", vista hacia el sur.
Fe de erratas (30-4-10):
En los dos planos publicados, nótese que la brújula indica el este y oeste al contrario.
La forma correcta sería el este a la derecha y el oeste a la izquierda. Ruego disculpas.

SEGUIMOS CORCEANDO

Después de dos semanas, en las cuales pude salir al campo el fin de semana de entre medias disfrutando del verdor de la primavera extremeña, pero sin ver ni rastro de corzos por estas latitudes; este jueves volvía para Asturias.
En esta ocasión iba a acompañar en un rececho al hijo de unos buenos amigos de mi familia. La verdad, él; estos días ha estado más que a la altura, y sobre todo a sabido disfrutarlo que es lo que más se agradece.
Por si fuera poco hemos tenido la suerte también, de que su madre gran aficionada también a la caza del capreolus; acompañara en el momento del lance y también disfrutara.
Ha sido un buen fin de semana, a pesar de la ausencia de Carlos, si bien en este caso el celador del coto tenía un motivo de enhorabuena, pues estaba siendo papá. Desde aquí un abrazo fuerte para él y para Bea.
Como decía, el fin de semana ha sido genial, junto con mi primo, nuestros amigos de Madrid, Víctor y otros colegas astures, hemos podido ver multitud de corzos, hemos disfrutado de un tiempo magnífico, y de un campo engalanado con unos verdes muy intensos, propios de los comienzos de primavera en el Principado.La primera mañana, disfrutamos de poder avistar varios corzos, uno de ellos realmente curioso por la rareza de su cuerna y merodeamos por lugares junto al mar, algo que tanto me gusta cuando estoy de corzos por el norte, y que también gustó a nuestro amigo y a su madre.
En esa primera salida fue cuando pudimos verle también a él, ¡qué preciosidad!, un macho ya cumplido, con un defecto en su cuerna de esos de los que a unos gustan y otros disgustan, ese magnífico perlado, y esas rosetas caídas. Desde que lo ví, y des de que apunto estuvimos de tirarlo, lo supe, tenía que ser él. Me encantaba ese corzo.
De este modo por la tarde, y ya que ahora seríamos varios para ayudar en el rececho; no lo dudé, me ofrecí voluntario a atalayar en la zona donde lo vimos a la mañana y allí me quedé esperando. Por otro lado vigilaría Mario, y hacia la mar estaría Javi. Recechando puramente: Víctor, que hizo de guía en esta ocasión, nuestro invitado y su madre, y mi primo Ángel.
La verdad lucía el sol entre nubes finas, pero la tarde estaba muy mala por el aire, y no terminaba yo de verlo desde lo alto del “cuetu” donde me encontraba. Tras la primera hora y media, y cuando ya Javi se había ido a vigilar hacia la mar, apareció Mario, y se quedó conmigo ya que donde le habíamos asignado había gente disfrutando de la tarde, y así; corzos pocos.
Al rato de estar allí y justo donde vimos a nuestro protagonista unas horas antes apareció una corza, la cosa entonces parecía apuntar para bien, pero… no, el macho allí no salía. Al rato y cuando Mario miraba hacía el oeste me llamó, para que mirara pues veía dos corzas correr. Y fue entonces cuando además de a estas dos damas descubrimos al macho, pude ver que valía; pero no supe que era él.
Llamé a mi primo y les avisé de que allí había un corzo válido, fue entonces cuando a pesar de que Javi les llamó para avisarles de otro macho, fueron para allá pues les pillaba más cerca, y al llegar y verlo Víctor por el mirón, me llamaron y lo confirmaron, era él. Ese macho perlado de rosetas caídas que a mi me había gustado a la mañana.
Yo desde la alto seguía mirando junto a Mario, no sin antes pegarme un buen porrazo desde lo alto del murete de piedra que me servía para otear; con mirón y prismáticos a unos 300 metros de la escena principal.
Al rato yo al macho dejé de verlo, pero bien sabía que estaba tras un bosquete que me entorpecía la visión, y las hembras seguían con sus carreras, acercándose peligrosamente a los que iban a hacer la entrada.
Poco a poco fueron entrando en plaza, controlando a los animales, y yo con Mario viendo la jugada desde nuestra atalaya. Consiguieron colocarse tras una gran zarza, a poco más de cien metros de nuestro amigo, al que yo seguía sin ver pero intuía.
Entonces me llamó Ángel y en voz muy baja me informó que lo estaban viendo, estaba tumbado y las corzas, pastaban junto a él.
Observé que nuestro amigo se preparaba, y comenzamos todos a esperar a que el corzo levantara. La luz cada vez era menor, y los minutos pasaban. La verdad al ver que no se producía tiro ninguno, yo andaba hecho un flan; y justo cuando parecía que ya no iba a tirar… ¡¡pum!! Recé, entonces para que por favor hubiera acertado.Salí pitando con Mario, nos llamaron y nos lo confirmaron, ese precioso corzo había caído. Fue perfecto, era un corzo cumplido, nuestros amigos lo disfrutaron, la entrada fue perfecta y nosotros y nuestros amigos astures estábamos contentos.
Gracias Víctor, y gracias Hugo.
Un abrazo a todos.

Fotos 1 y 5: V.C.P.
Foto 2: B.L.
Foto 6: A. L. M.

CORCEANDO

Como cada año, la Semana Santa ha supuesto para mi en lo que a campo y caza se refiere; unos días de observación y disfrute de los corzos. A causa de ello llevo cuatro días sufriendo una severa amigdalitis que me tiene recogido en casa, pero bueno como dice el refrán: Sarna con gusto no pica. He disfrutado de unos días corceros en compañía de mi primo Ángel, y de buenos amigos astures como Carlos, Víctor, Javi, Josele, etc. Hemos visto muchísimos corzos, si bien el tiempo cambiante, el aire y en ocasiones la lluvia dificultaban el hecho de que pudiéramos encontrarnos con los duendes del bosque.
Llevan poco tiempo los corzos descorreados allá por el Principado, así que la gran mayoría presentaba todavía unas cuernas claras, y los más jovenzuelos todavía lucían el correal. Las corzas se vieron bien hermosas, grandes, cerca ya de parir; probablemente para la luna de este mes de abril, como aseguraba el bueno de Carlos; haciendo un paralelismo con el próximo parto de su chica.
El invierno por allí ha sido duro, el monte está bastante limpio por los aires, la cantidad de agua caída, el frío y la nieve, que aunque parezca mentira también afectó a localidades de costa. Los corzos por ello no han podido alimentarse de igual forma que otras temporadas, y si bien no hay un bajón en la calidad de los trofeos, quizás si se note un cierto estancamiento.
“Gochus”, como le dicen por allí a los jabalíes, parece que cada vez hay más, se ven algunos rastros como son huellas, hozaduras o “llagunaerus” como le dicen allí a las bañas; incluso estos días protagonizaron algún atropello, que quedo más en topetazo que en cosa seria, a Dios gracias para todos, y sobre todo para el coto.
Además de fijarme en estas dos especies mayoritarias allí, he podido ver de nuevo muchos faisanes, y hasta un par de venados; grandes de cuerpo, oscuros de piel, pero en este caso de pequeñas cuernas.
Han sido unos días, en los que he estado bastantes horas en el campo, he cumplido con “los fichajes” para futuros recechos, y sobre todo he disfrutado del monte y de los buenos amigos de Asturias. (Excepción hecha de Diego y Marcial, a los que no he podido ver)
Espero os gusten las fotos de estos días que ilustran la entrada.
Un abrazo.