NO COMMENT

Me abstengo de hacer comentarios de ningún tipo, simplemente lo pongo aquí para conocimiento de todo el mundo. El tiempo debería encargarse del resto, aunque bueno; poca fe tengo. Eso sí, me interesan muy mucho vuestras opiniones; así que ya sabéis, contarnos.
Un abrazo




Fotos: CyS

CAZAR ES SENTIR

Es muy normal para quien escribe el miedo al folio en blanco, o el pavor al enfrentarse a esa pantalla de “Word” vacía… Hay quien lo dice como tópico, hay quien lo dice porque realmente le cuesta, y hay quien ni siquiera lo tiene en cuenta porque las palabras le fluyen fácilmente; independientemente del resultado final.En mi caso, nunca le tuve miedo a la hoja en blanco, pero hoy; hoy es distinto, no sé como conseguir escribir estas líneas. Probablemente lo haga tan regular como siempre, pero es que ahora lo que intentaré contaros se me hace cuesta arriba. Los sentimientos dicen que no pueden expresarse con palabras, y yo intento ahora negar esta máxima. Probablemente no lo consiga.
He pasado quizás el fin de semana de montería más extraño de cuantos he vivido, el sabor agri-dulce impregna estos últimos días, y es que las risas, los llantos, las alegrías y las penas se entremezclan.
Me viene enseguida a la cabeza José María, no puedo evitar acordarme de él; porque es quien peor lo ha pasado. A él quiero referirle desde aquí, todo mi afecto, todo mi cariño, y sí; también mi admiración. Lo conozco poco, y a su padre aún lo conocí menos, pero no puedo evitar dedicar esta entrada a ellos dos, y por supuesto a su familia.
Con profunda tristeza por todo lo que iba sucediendo encaramos los temerones el día de nuestro estreno esta temporada. Además la finca había procurado desvelos y preocupaciones a todos, y en especialmente a quienes más se volcaron con la misma; entre los que se encontraba José María, que por desgracia no iba poder estar presente para ver los resultados de su magnífico trabajo.
Conseguimos montar pronto, tal y como nos habíamos propuesto, pero a pesar de ello tuvimos que contemplar como se nos vaciaba una buena piara de cochinos. Habíamos cogido la caza dentro, el tiempo finalmente nos respetaba, y pronto comenzaban las detonaciones que auguraban lo buena que estaba la mancha.En los puestos sensaciones entremezcladas, nerviosismo, alegría al escuchar los disparos tan pronto y sin ni siquiera haber soltado, en el recuerdo quien nos faltaba, y hubo hasta quien estalló en lágrimas por esa mezcla de sentimientos encontrados. Es de todo punto lógico, era mucho todo lo que se juntaba.
Pronto caían los primeros venados y ciervas, y otros nos dedicábamos a fallar y pinchar cochinos que se vaciaban a la vecina finca de El Campillo. La suelta procuró un arreón bueno de ladras y nuevas detonaciones. La montería estaba resultando buena, si bien aquello no estalló tal y como pensaba tras haberse sucedido tantos lances antes de que los perros hicieran acto de presencia.
Poco a poco la cosa se tranquilizó, y ya eran pocos y espaciados los disparos. Mingolla tocaba a su fin. Comenzamos pronto los pisteos y el arrastre de la caza a los carriles. Comprobamos entonces la buena suerte de Rai, de Jose, de Luis, de Javi Carrasco o del bueno de Ernesto que tras su lance con un venado le iba a tocar pasar por el noviazgo.Rápido se organizó la recogida y antes de las cuatro de la tarde la junta de carnes estaba conformada. 12 venados, un buen cochino y 24 pepas conformaban el plantel donde nos dispusimos para las fotos de rigor, y ahí las risas y chascarrillos sonaban más diferentes que nunca… qué momento más extraño: alegría y preocupación, José María y su padre estaban presentes para todos.
Pronto salí para Arroyo de la Luz y Garrovillas con Jose, con María y con el bueno de Manolo. Nos aseamos y salimos para Aliseda a cenar con la tropa murciana. Javi me llamó tras hablar con Josué, me comunicó lo que no quería oír; la tristeza nos llegó a todos los que somos parte de la Peña de Monteros Temerón.
A partir de ahí, Mingolla y lo que en ella había sucedido pasó a un segundo plano.
El domingo, me tocaba montear de nuevo, y el recuerdo de lo acontecido me hacía olvidarme de San Román, del tres de Cuchilla y de la buena y mala suerte. El lunes, Javi nos llevó a ver La Mediana y estuvimos también por los alrededores, echamos una buena mañana, unas horas de campo y buena amistad. La caza y el monte como excusa.
De vuelta a Madrid, pensando en todo lo ocurrido, lo tuve claro: Cazar es sentir. La caza sin amistad no es nada, no vale, carece de sentido y pierde sustancia. Y la amistad, el cariño, y el compartir horas de campo hacen que nos sintamos más cercanos a aquellos quienes como nosotros llevan esto tan dentro. A don José García seguro que le ocurría lo mismo, y por ello quiero una vez más acordarme de él. Desde arriba estará viéndonos, y él y otros muchos nos han de recordar aquello que aprendí hace ya algún tiempo, hemos de ser: INMUNES AL DESÁNIMO.
Hoy, más que nunca; me siento orgulloso de ser cazador y de formar parte de la Peña de Monteros Temerón.
Un abrazo muy fuerte a todos