EL DESCUAJE

Descuajar, según el diccionario de la RAE, es en su tercera acepción: Arrancar de raíz o de cuajo plantas o malezas. Aunque también apunta: Hacer a alguien desesperanzar o caer de ánimo. Bueno… Vamos a procurar no caer en la segunda de las acepciones, pero eso si, ya les aviso que voy a arrancar la maleza de mis pensamientos cinegéticos.


Es obligado también decir que el título de esta entrada tiene mucho que ver con un libro llamada La Historia y la caza en la Sierra de San Pedro hasta 1970 de Rafael Serrano Vicente. Ahora mismo lo considero la mayor de las joyas de mi escasa y pequeña biblioteca cinegética. En dicha obra se hace mucha mención al descuaje del monte, a como durante años se arrancaba y se limpiaba el monte bajo de muchísimas zonas de la sierra, quedando mancha tan sólo en los morrones más abruptos e intrincados, que la verdad en esta sierra son pocos, pero que sirvieron en multitud de ocasiones de refugio a la poca caza mayor que pobló el lugar durante muchos momentos, pero sobre todo en los dos últimos siglos.


Da pena pensar en el estado de esta sierra que adoro tras la guerra entre hermanos que asoló nuestro país en los años treinta del XX. Ahora bien, no sólo el enfrentamiento bélico provocó grandes daños a estos montes, pues antes sufrió a los cabreros y sus incendios –de los que tanto habló Covarsí- y también sufrió talas y los mencionados descuajes en distintas épocas, y más recientemente las repoblaciones con ese feo árbol que es el eucalipto, además de la proliferación exagerada de las cercas.


Ahora bien, la sierra a pesar de la abundancia de caza actual, de la recuperación del monte en muchas zonas y de la apertura de la caza mayor y de la montería en especial a todas las capas de la sociedad, está hoy en día, más descuajada que nunca. No sólo ocurre entre los montes que van desde el puerto de Las Herrerías hasta la Sierra de Santiago, ocurre en toda la España montera.


Los tiempos han evolucionado, se ha progresado, y hoy sin duda vivimos la que posiblemente sea la mayor Edad de Oro de la montería española. Pero no basta, ahí están las mallas, la ausencia de especies emblemáticas y propias como el lobo o el lince, la exageración de poblaciones de cervuno en muchos lugares, la proliferación de esperas que destronan a la sierra de sus señores y que causan también un gran destrozo en las piaras sin permitir a los cochinos una mísera veda en todo el año; tampoco me olvido del poco respeto a las formas de siempre, las prisas, los lances de tiro olímpico –recuerdo aquello de Robarle al campo- o también unas comodidades que hacen que con tan sólo un poco de afición y de dinero, cualquiera pueda quitarle al campo uno de sus pobladores.


Me dirán que ya estoy yo con mi pesimismo latente, y que al final me voy a dejar caer por la acepción de descuaje que apuntaba en último lugar. Puede ser, uno es así, y mucho más cuando tiene tiempo para pensar, pero es que los hechos son tozudos, ponen las cosas en su lugar y por lo menos a quien esto escribe, le llevan a pensar.


Se supone que la crisis –yo mismo lo apuntaba por aquí- iba a realizar su propio descuaje en el mundo de la caza y de la montería, se suponía que al final sólo iban a quedar los que de verdad mostrasen verdadera afición y tuvieran algo de suerte para poder seguir permitiéndose tiempo de ocio para la venatoria. Pero al final, el sector está campeando el temporal como puede, y no es algo de lo que no me alegre; pero por desgracia sigue quedando en la sierra mucha velocidad, mucha mala educación, muchas cuentas de rentabilidad, mucha comodidad y sobre todo mucho pasotismo de las cosas bien hechas.


Está claro que errar es humano, personalmente pienso que incluso vivo equivocado, pero empiezo a dudar si es humano el discernir sobre ello, el aprender de los excesos, y sobre todo el afrontar nuestras equivocaciones como debe ser, y haciendo intención real de no volver a cagarla. A Dios gracias, hay de todo, y eso hace que también queden los que hacen por aprender, y saben que por muchos años que lleven pisando sierra, siempre se puede saber algo nuevo. Ya lo dijeron por ahí, muy acertadamente: Montear es un continuo ir.


En fin, me estoy poniendo que no hay quien me aguante, y siempre me ocurre igual, que cuanto más quiere uno sincerarse, más aburre, y más mira lo que escribe y dice… “Menudo tostón acabo de soltar”. Bueno, espero que al menos a alguien le sirva, a mi desde luego me viene bien como terapia personal. Bien es verdad que como ayer mismo me decían, al final esto son etapas, como las rachas con los tiros y los aciertos en los lances. Seguramente sea así, pero uno no deja de ir, ni pretende dejar de hacerlo.


El monte por lo menos sigue ahí, bien es verdad que un venado ya no puede atravesar la sierra de punta a punta, y bien es verdad que ver o abatir una cierva ya dejó hace mucho de ser acontecimiento; pero no estaría nada mal que volviera a ser así, o por lo menos se pareciera. Que las monterías fueran de días, con corsarios, sin cortafuegos, con escopeta matando la caza en jurisdicción, y andando, en mulo o  a caballo. Haciendo las cosas despacio, dejando pasar el tiempo sin que importe, al ritmo del monte, y con poca caza. Quizás así se produjera el verdadero descuaje… Mientras, disfruten todos, nadie es mejor ni peor por pensar de una manera u otra, pero yo pienso así y lo cuento, nada más. Puedo que lo compartan o que no, pero si al menos se han entretenido leyendo, y sobre todo si les ha hecho pensar. Bienvenido sea.
Un abrazo fuerte, y muy feliz año.

F. J. López Maraver

Fotos: autor. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

P. D. Prometo que con el año nuevo escribiré otras cosas, tengo por ahí guardado un EJYC Test de un amigo que promete, ya lo verán.

ENTRE BATANEROS Y CONDUCTERO, SE PASA POR POZAS NUEVAS

Una vez más voy acumulando vivencias, kilómetros, monterías y risas, y al final me las veo y las deseo para buscar títulos para las entradas, y para resumir de forma amena todo lo que hay que contar.


En primer lugar he de remitirles a dos personas sin las cuales esta entrada no sería posible. Son dos buenos mozos cartagineses, los recordarán por aquella entrada titulada "Retornando a Cíjara", donde también hablé de ellos. Y es que han sido estos dos hermanos, Jorge y Jesús, o Jesús y Jorge; los culpables de que yo haya andado estos dos últimos fines de semana por tierras de Andalucía, haciendo primero parada en su ciudad: Cartagena.

Todo comenzaba hace meses, cuando Jesús me comentaba que quería que yo les acompañara a ambos al fin de semana en que cazarían con Montesa, Pozas Nuevas y la mancha Conductero de Loma de la Higuera. Era una oportunidad perfecta para escribir dos buenas crónicas en “Lances & Ladras” y hacer un reportaje de Montesa, grupo de Andújar, con mucha solera en el mundo montero, donde además, uno tiene buenos amigos.

Hasta ahí todo sencillo, pero la cosa comenzó a cuajarse en dos fines de semana, cuando la mancha Bataneros, de Vélez-Blanco, galardonada este año en la gala de Premios Todomonteria, se retrasó debido al agua al domingo 25 de noviembre. Jorge, que también caza con el Club de Caza Mayor “Monteros del Rocío”, me recordó aquello que me dijera Ramón en la señalada entrega de premios: “Tenéis que venir a cazar con nosotros”. Dicho y hecho.

Quedaba así cuajado el plan: 24 y 25 de noviembre a cazar en Vélez-Blanco –el sábado cazaríamos en una batida de la sociedad cinegética del pueblo-, y todo ello acompañado de mi señor primo que se apunta a un bombardeo; y 1 y 2 de diciembre a Pozas Nuevas y Loma de la Higuera, tras autorizarnos Montesa para poder ser tres personas en el puesto. Aquello pintaba de vicio: amigos hechos, amigos nuevos, reencuentros, caza, fotos, nuevos cazaderos, y oportunidades para seguir alimentando de contenido la publicación de monterías en la que uno colabora.


Llegó el viernes 23 de noviembre, y se plantó un servidor con don Ángel –primo, pero reprimo-, allí en Cartagena. Alegría tremenda al ver de nuevo a los hermanos Díaz Macián, gente buena como la que no queda, pero es que la cosa no quedaría ahí, pues suele ocurrir, que la gente buena convive y comparte con gente igual. Conocí por tanto, en los dos días siguientes en Vélez-Blanco, a magníficas personas como Alfaro, Juanma, “Cosillas” –único en su especie-, Joan, y por supuesto Bernardino y sus hijos. A ello se unió además el hecho de ver de nuevo a Ramón, presidente de Monteros del Rocío, y a Mayte, secretaria del grupo.
El sábado cazamos Almohallas Grandes, una preciosa mancha de pinos carrascos, espartos y romeros, crecidos sobre tierra blanca, surcada por tremendas ramblas que recuerdan la fuerza que tiene el agua. El día además acompañó, y hasta pude ver un par de marranos en un trasluzón. Echamos el día que se dice, y bien echado además.

El plato fuerte almeriense estaba reservado para el domingo. Los Bataneros estaban buenísimos, y el resultado de 61 cochinos de la temporada anterior, se presentaba factible de alcanzar o incluso superar. Por desgracia, el mundo está lleno de sinvergüenzas, y la misma mañana de Almohallas comunicaban a Bernardino y Ramón que habían soltado perros en la zona norte de la mancha… Cazaban otra finca a dos kilómetros. Así que ya ven ustedes la sinrazón, y las ganas de hacer daño. Por lo menos, los forestales estuvieron al tanto y la cosa se denunció.


El domingo se presentaba así con incertidumbre. Se sabía que la mancha no estaba estropeada del todo, pero hasta que no se ve lo que se piensa, uno no queda tranquilo. Por otro lado la organización de Monteros del Rocío hizo las cosas muy bien, se colocaron las armadas en completo silencio –de verdad, no oí un solo portazo en una armada de veinte puestos-, y ya se tenía prevista una compensación, en caso de que las cosas salieran muy mal.


Finalmente Dios aprieta pero no ahoga, y si bien aquello no fue el festival de la temporada pasada, 38 cochinos eran un señor resultado habiendo pasado todo lo que había pasado. Se acababa con esa batida un fin de semana muy especial. El trato hacia mi y hacia mi primo fue espectacular, todo fueron atenciones, detalles, y desvelos por que estuviéramos cómodos. Sólo puedo dar de nuevo las gracias, una y mil veces, porque uno no se hace merecedor de tanto.

Tras ello, una semana por medio, y el viernes 30, se presentaba quien esto escribe en Montoro. Allí, de nuevo Jorge y Jesús, y más buena gente de Murcia. Pepe, su mujer, su hijo José Carlos, y la novia de éste, hacían la compañía aún mejor. Cenita en el centro del pueblo, y al encame, esperaba nada más y nada menos que Pozas Nuevas.

Se levantó el día con niebla agarrada al Guadalquivir, pero remontando hacia Cardeña, la mañana quedó espléndida. Atrás iban quedando El Eucalipto, La Onza de Gil, Casa Polo o El Socor, y con frío, pero con un buen desayuno, esperaba Dehesa Pozas Nuevas. Nervios, y alguna que otra presentación y reencuentro, pues pude saludar a don Javier Portela y su amigo Pedro, a José María Ortega –del que soy fan declarado-, y además a Nono.


La suerte deparaba el 2 de Almadenejos, el puesto que yo había señalado para nuestra particular porra, y bajando barrancos con dirección al Yeguas, llegamos allí. De balcón, con acebuches, quejigos, encinas, lentiscos, adelfas… ¡¡estábamos sin duda en Sierra Morena!!


Pronto empezaban las detonaciones, y sin soltar los perros un venado y un gamo yacían ya en tierra. A ello se unía después un lance cochinero, un venado que casi nos arrolla pero que se dejó pasar, y un gamo que entró a papote. La guinda fue un precioso lance a otro venado, si bien, la sequía no permitió que el trofeo fuera como los habituales de otros años en la zona.


Fotos, cobros, mulas, recogiendo archiperres, y subiendo… ¡¡Hombre, el 6 del Burcio!! Pepe y su hijo José Carlos, andaban por allí. ¿Qué?, ¿cómo?, ¡venga ya…! Repartidos por la barrera de enfrente 2 venados y 11 cochinos. Si, si, eso que digo, y acompañado todo de casi treinta lances. El puesto de una vida.


La comida entró por ello con alegría, y los níscalos deliciosos caían perfectos al estómago. Tras lo cual, iba languideciendo la tarde, comentando lances, puestos de ensueño, y entonces empezó el desfile de remolques. Poco a poco, sobre el cemento, que se quedó chico: 65 venaos, 63 gamos, 2 muflones y… 92 cochinos entre los que destacaban doce navajeros. Sin duda la mejor montería en la que uno ha estado, y encima acompañado de tan buena gente, en un marco tan extraordinario, puuufff… demasiado. ¡¡Pero espera, que queda Loma de la Higuera!!


Mañana pelona, heladora, el agua congelada al caer al vaso, pero las risas y el calor presentes. No podía ser de otra manera estando con don Paco Mas y su primo Pedro. Corchuelos -lugar de la junta- se presentaba radiante, y de nuevo…. A todo el centro de la mancha: 1 del Conductero.


El sol, muy agradable, hizo que las horas de montería fueran muy confortables. Y allí, entre pinos, dorsos de ballena, quejigos y regatos, aparecían cada poco, ciervas y venados, si bien todos ellos de pequeño porte. Los grandes quedaron para otros más afortunados, pero los cochinos en collera, se presentaron pronto y depararon lance, por lo cuál hubo salsa buena en el primero de la traviesa principal.


De nuevo fotos, archiperres al hombro, y a comer. Junto al blanco cortijo de la Loma, no pintaban bien las caras, pero al final, simplemente fue un mal reparto, pues algunos hicieron el cupo de 3 venados, los cochinos fueron más de los habituales y aparecieron grandes venados en un tapete de 68 machos de ciervo, 29 marranos, 6 muflones y 125 orejonas. Vamos, otro monterión más.


Si usted, ávido lector, ha llegado hasta aquí, andará exhausto, así que ruego perdone mi poca capacidad de síntesis, y eso si me permita una vez más dar las GRACIAS a tanta gente, a dos magníficos grupos de monteros, y por supuesto a ellos… a ese par de Cartagena, de verdad, mi deuda es eterna. Ha sido un auténtico placer pasar con vosotros estos dos magníficos fines de semana. Nunca lo olvidaré.
Un fuerte abrazo

F. J. López Maraver

Fotos: autor, Jorge D. M. y Jesús D. M. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

AHÍ VAMOS


Hace ya más de un mes que comenzó la temporada montera, y el tiempo pasa inexorable; se han celebrado ya cientos de monterías por toda España, quién más quien menos ha salido al monte, y ha podido juntarse con los amigos y jugar sus lances.


El año desde luego no pintaba nada bien, a la desastrosa situación económica que vivimos, se unía un año hidrológico realmente malo, con un otoño en 2011 muy poco lluvioso, un invierno realmente seco, una primavera muy discreta en precipitaciones, y un verano muy caluroso.

De esta manera el panorama era poco halagüeño, pero a Dios gracias, este aprieta pero no ahoga, y si bien la situación del país sigue siendo nefasta por esta crisis estructural que vive la economía de mercado, finalmente, y desde finales del mes de septiembre, el agua ha caído por doquier en sierras, dehesas, bosques y riberos de toda la península. En algunos sitios por desgracia las lluvias han sido demasiado fuertes por momentos, y esto ha generado además de daños personales en algún caso, otros materiales y suspensión de jornadas monteras. Ahora bien, por lo general el agua cayó y cae aún correctamente, y ya a mediados del mes de octubre, el campo se tiñó de un verde intenso, los regatos ya corren y el agua empapa todo.


Con todo ello, el monteo, a excepción del primer fin de semana de temporada, se ha podido realizar en buenas condiciones de temperatura y con el terreno bueno para las recovas, aunque no olvidamos que también el agua ha deparado suspensiones y no pocas molestias. De todas formas… ¡¡bendita sea el agua!! Falta hacía, y la otoñada está siendo realmente espectacular, comenzando con una buena melosa, por lo menos en la provincia de Cáceres, que es lo que uno más caza.


A fin de cuentas las monterías por lo general están resultando como años atrás con sus cifras lógicas, cierto descenso en los grosores de las cuernas de los venados, y con los cochinos haciendo su aparición, aún en estas primeras fechas, en manchas muy concretas o donde por suerte se les coge. Ya llegarán los fríos intensos y se darán buenas y entretenidas monterías cochineras en abrigadas solanas.

Por lo demás ahí vamos, pues a pesar del agua, y no sólo por ella han llegado las suspensiones, cuesta mucho completar las manchas, y al sector llegan aires de cambio. Mucho advenedizo comienza a sufrir su aventura en un mundo que nunca fue el suyo, y la verdad, al final en el monte, nos vamos acabar viendo las caras los que vivimos por y para esto, los que lo llevamos en la sangre, y los que como bien apuntaba un buen amigo astur… ¿quizás estemos algo locos?

Es lo que hay amigos, mientras dediquémonos a pasarlo bien en la medida de lo posible, salgamos a montear, disfrutemos, que no nos puedan las ganas, tomémoslo todo de forma sosegada, saboreando despacio cada regalo del monte, y esos buenos momentos con los nuestros. Aún queda, febrero se ve lejos, y son muchos los días por pasar en esta temporada 2012-2013. Desde aquí, se les desea toda la suerte del mundo, se les ruega prudencia… y ya saben, escuchen, presten atención, abran bien los ojos, y jueguen el lance con tranquilidad, pensando rápido pero bien, saben ustedes que es así como se mata la caza.
Un abrazo

F. J. López Maraver

Fotos: autor, y C. L. M. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

CAZA Y AMIGOS: ANDRÉS FERNÁNDEZ


Más conocido en los ambientes cinegéticos -sobre todo de la red- como “Mahindra” o incluso “Malindra”… Andrés Fernández Carmona es natural de Badajoz, donde nació hace 45 años en un mes de febrero, por mucho que diga su DNI algo de junio o julio… Eso es otra historia que os puede contar él.
Hace ya tiempo que le envié el ya conocido aquí como EJYC Test, y sé que lo completó y todo, pero de mandármelo nada de nada, así que he decidido cogerle por aquí, y ser yo mismo quien os cuente un poquito. Pues la verdad, de un amigo así, hay mucho que contar.
Es este pacense entonces el nuevo protagonista de este serial por el que ya pasaron algunos, siendo el último el bueno de Javi Carrasco -que por cierto hoy cumple 28-, y Andrés toma el testigo, pues como Javi o algún otro; es de esos amigos a los que a lo mejor no ves en meses, a los cuales no conoces desde hace mucho, pero con los cuales y con la excusa de la caza, te une algo que no sabría explicar.
En fin, hablemos de Andrés. Podemos decir sin temor a equivocarnos que es amigo de sus amigos como pocos, le cuesta mucho enfadarse y mandar a tomar vientos a alguien, pues su carácter –aunque fuerte- no le permite ser de esa manera. No es un “talibán” como el que suscribe. Andrés cree en el diálogo y en las relaciones de tú a tú, sin aquello de Menganito le ha contado a Zutanito.
Tiene algo especial con la gente más joven que él. La verdad no sé porqué, pero con aquellos a los que les saca entorno a la decena o quincena de años, conecta mejor que con nadie. Creo que es porque sabe escuchar, y porque tiene bastante paciencia. Puede ser también por su espíritu joven, que lo tiene a raudales… ¡qué sé yo! Pero vamos, que está hecho un chaval.
Al capitán “sin funciones” de Temerón, ideólogo de esa nuestra peña, la afición a la caza le viene de familia, pues su padre siempre fue cazador, y su hermano Tete, es otro enamorado del campo y los perros. Así Andrés comenzó acompañando a su padre a la menor, y de ahí a las jornadas monteras de la Peña de Monteros de Chipén. Pasaba también días de ganchos en Belalcázar, cuando él desde la cabina llamaba a su madre, y rápido, sin oportunidad de reacción para ella, avisaba de que se quedaban un día más, y colgaba enseguida.
En la finca familiar de Miajadas se hizo con sus primeros pajarillos, pero no con la de plomos, sino… ¡a raquetazos según salían del pozo! Recuerda las mañanas a las avutardas, y aún suspira recordando esos grandes bandos de palomas sobrevolando la Sierra de San Pedro. Y es que “Mahindra” podemos decir que es palomero y cochinero.
Siendo gran perseguidor de los segundos, fue a caer en buen sitio en su pueblo casi adoptivo: La Codosera, donde de cochinos grandes, de campo y de buen vivir, algo saben por allí.
Andrés guarda por otro lado gratos recuerdos de caza en las provincias de Toledo y Ciudad Real, con Tito –tristemente desaparecido-, con el que vivió anécdotas como el del hombre mayor que apuntaba a las luces lejanas de un cortijo pensando que eran los ojos de un corzo… O rompiendo pelotas de reses con cohetes, nada más que para que todo el mundo tirara.
Como no puede ser de otra manera, detrás de un gran tipo, hay una gran mujer, y Toni, es quien comparte con él, quien le hizo padre de un chaval que apunta maneras, y quien sujeta a este señor que tanto aprecia uno.
Puedo hablaros de muchas más anécdotas contadas y/o vividas con Andrés, como eso que tenemos nosotros con la gente de Plasencia… ¡que siempre están de mala leche oye! Muchas previas con algo fresquito en la mano, e intentando descifrar sus historias que cuenta con ese acento de Badajoz acentuado por las horas y lo que va fresquito con hielos.
Este es él, sin duda amigo de sus amigos como nadie, alguien que no guarda rencores, que tiene un corazón que no le cabe en el pecho, y que piensa antes en sus amigos que en él mismo, aunque no siempre ello le haya hecho bien. Porque puede tener sus cosas, como todo el mundo, pero quien no sepa ver lo que hay en un tipo como él, o simplemente está ciego, o peor para él, porque se está perdiendo tener una amistad, de esas de las que cada vez son menos.
No sigo más.
Un fuerte abrazo a todos, y disculpas por tener el blog abandonado.

JAVIER

PEÑA DE MONTEROS TEMERÓN, CALENDARIO 2012-2013


UN MAGNÍFICO ENCUENTRO

Es viernes. Han quedado atrás las preocupaciones, los atascos, las largas horas sentados frente a la pantalla del ordenador. Nuestra imaginación recorre encinares, solanas, umbrías y riberos…. Vamos todos con un dulce cosquilleo en el estómago al encuentro de nuestros amigos, con los que nos une esta bendita pasión por la montería, la montería de verdad, la montería de siempre.

Nuestro grupo de monteros, que proceden de muy diversos lugares de España, toma su nombre y bebe del ejemplo de aquel corsario genial de finales del siglo XIX y principios del XX, aquel “Temerón”, José González, que compartió jornadas entre jaras y breñales con el montero genial, D. Antonio Covarsí.

Los traslados al cazadero requerían entonces enormes esfuerzos: “A Dios gracias la noche ha pasado, los perros acollarados no han creado problemas con los ganados de las dehesas, y los lobos no aparecieron al atravesar puertos y portillas. Hemos estado perdidos en el monte bajo una intensa lluvia, que ya no arrecia. Despunta la mañana, y sale el sol que calienta un nuevo y frío día…”. Sin embargo, tras la penosa travesía, se producía un nuevo encuentro entre amigos, entre aquellos apasionados y esforzados amantes de la montería.

Los tiempos han cambiado. Las esforzadas travesías son infinitamente más cómodas. Pero el sentimiento de reencontrar a tus amigos y compañeros no debe ser muy distinto.

La temporada pasada apareció para este nuestro grupo de apasionados una familia que representa como nadie lo que es montear como mandan las tradiciones en las sierras extremeñas.

La familia Higuero entiende desde el principio nuestra idea, comprende nuestros problemas y prepara jornadas donde reina el orden, nada se deja al azar y todo está controlado. Los números, los resultados, no son en absoluto protagonistas.

Por fin se produjo el encuentro con lo que buscábamos, MONTEAR, así en mayúsculas. “Si tenemos la enorme suerte de cazar algo, se verá en la casa”. Lo que adquiere relevancia no es cuánto se caza, sino cómo se caza.

No puede negarse que la perfección no existe, pero cuando se ponen en práctica valores (especialmente el respeto, respeto a la caza, al monte, a la tradición, a los monteros, a los perreros, a los cargueros…) y usos de siempre, se está muy cerca de ella.

Así y con todo ello, cada jornada llegamos a la finca. Poco a poco y tras salir de manera ordenadísima las armadas, alcanzamos los pasos acompañados de gente excepcional como Félix, Sera o Rubén.

Pasa algo el tiempo, despacio, los muleros y cargueros ya están en su sitio y se oye en lontananza la suelta de los perros. Sigue pasando el tiempo, despacio, y asoman en el horizonte, entre las jaras y los alcornoques de la Sierra de San Pedro, un par de jinetes con sus caballos. Se bate a conciencia, se para cuando es preciso, se lleva la mano ordenada y uno se deja llevar…

No hay más que decir, no hay palabra que valga para describir lo vivido. La montería, tan desvirtuada en estos tiempos que corren, adquiere sentido. Uno se siente integrado en la naturaleza y se retrotrae en el tiempo. Tal vez las sensaciones sean muy parecidas a lo que sentían Covarsí y Temerón al escuchar una ladra tras los cochinos.

Un nuevo encuentro, magnífico, único, se produce en el sentir de todos. Cada uno tiene claro su papel. Todo fluye. Nada es forzado. Tras el monteo puro –muy puro- y duro, cada uno cuenta con emoción sus sensaciones, sus vivencias, se come, se comparte y llegan más momentos para el recuerdo.

El reloj no tiene prisa, tampoco nadie la lleva. Mañana, dentro de unos días, o tras algunos meses al pasar la primavera y el estío, tendrá lugar de nuevo, aquel… Sí, ese magnífico encuentro.

A la familia Higuero, simplemente, gracias por hacernos disfrutar.

Peña de Monteros “Temerón”


Fotos (incluida fondo calendario): F. J. López Maraver
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS



6 PUNTAS/TOROS 6

Ha pasado el quinto mes del año, que cosas de los números, ha estado marcado para los que amamos el monte y la Fiesta, por el número 6, como no podía ser de otra manera. Y es que entre siembras, bosquetes, prados y bardales han asomado esas seis puntas que nos suben la fiebre por primavera. Del mismo modo, en la primera plaza del mundo -a pesar de algunos que tanto se sientan en ella, como que no-, han salido durante casi treinta tardes seis toros, cuando por desgracia no más, por las puertas de chiqueros.

Así el mes ha estado protagonizado además de por el calor, el aire y las tormentas típicas de esta época, por los corzos y por los toros. Queden de otro lado primas de riesgo, Bankia y demás, que de eso no vamos a escribir nunca aquí. Y es que este año uno ha visto menos toros de los que le gustaría, cosas de la economía y del estudio. Si bien, he tenido atracón corcero, con gusto que así no pica a pesar de los sufrimientos.

Respecto a los capreolus ha andado uno por esas tierras del Principado de Asturias, donde no hay tantas perlas, ni puntos, ni grosores como en Castilla, pero donde la gente, el verde, y la caza en toda la extensión de la palabra, ganan a las tierras calizas por goleada. Dos recechos han sido, dos muy distintos, en dos cazaderos muy próximos pero bien diferentes, y donde a Dios gracias, en ambas ocasiones a pesar de fallos, perdones y otras cosas, ha habido suerte.

A mediados de mes tentó a la suerte Angelito -que así llama de siempre uno al primo-, que al segundo día por la tarde, resolvió uno de esos lances tan suyos. ¿Y es que podía ser otro el que matara un corzo desde la ventana de una tejabana (cobertizo)? No, tenía que ser él. ¡¡Menuda cara cuando se asomó y dijo: "Está ahí"!! Aquello fue para verlo, y encima donde fue a caer ese corzo bien "colorao", de cortas luchaderas pero recia cuerna en su conjunto.

Alegría tras cazar en aquella zona tan bonita, sin duda, la más bella del coto, y quedamos en una nueva cita con nuestros amigos astures, para dos semanas más tarde. Entonces, el del rifle iba a ser un servidor. Comencé un viernes, acompañado sólo de Carlos, pues Ángel tenía obligaciones en Madrid, y no llegaría hasta la tarde.

La mañana se presentaba tremenda, buenísima para cazar salvo por un primer momento donde molestó la niebla. Al final, ya con el sol alto, hicimos una buena entrada cerca de casa, y sin darnos cuenta... Ahí estaba, tumbado en el pasto, mostrando su cuerna de largas luchaderas a escasos quince metros de nosotros y sin enterarnos. Dije que no tiraba, acabábamos de empezar. El amigo ya mosca se levantó, y clavó sus ojos en nosotros durante unos segundos durante los cuales, ya apuntando, me entraron las dudas, pero finalmente no tiré. Carrera, parada -dando otra oportunidad- y serie de ladridos.


De allí, al límite, había que hacer un nuevo intento. Una gran entrada, asomada al prado que mejor estaba, y de nuevo... Sorpresa, a poco menos de una veintena de metros pasteaba un coloradísimo corzo, completo, gordo... y ajeno a nuestra presencia. De nuevo: "No, no voy a tirar". Esta vez ni me eché el rifle a la cara para evitar tentaciones. Finalmente, nos ve, y tres minutos de mutua estatua, luego corre, y parada a unos 60 metros. Tomé una decisión dos veces, con todas las consecuencias, y a pesar de todo, y de lo sufrido después, no me arrepiento.

Tras ellos, un corzo mejor en una zona dificilísima de cazar, otras entradas a otros corzos y los dos de aquella mañana, ladridos, carreras y finalmente dos fallos, en tiros que uno que venía crecido, tras lo de Soria, nunca pensó que podría fallar. La cosa se había complicado, estábamos cazando bien, pero llegaba la última salida, había reventado una luna del coche, y decidí dejarlo. No aguantaba más, me había creado una tensión innecesaria, había dejado de disfrutar, y eso no era. No todo puede ser cazar porque sí, tenía que quitarme la losa mental que pesaba sobre mí. Finalmente, quienes conmigo vivieron aquellos momentos de hundimiento cinegético personal, tiraron de mi, y me convencieron. Había que quemar el último cartucho.

Aquella última tarde todo fue distinto. Ni fuimos con mi coche, ni fui con mi rifle, pues Víctor me prestó su 270, no fuera el FN el culpable de aquellos fallos anteriores; y sobre todo, me cambió el rictus, había que dejarse de zarandajas y dedicarse a disfrutar. Al final para aquello estaba allí, y ni el comerme la cabeza, ni los problemas de Madrid, iban a ayudarme a vivir y saborear aquellos ratos.


Está claro que uno no merece, ni tanta comprensión, ni esa amistad total, ni mucho menos tanta suerte. Y es que mi tocayo nos lo cantó. Carlos, Víctor y uno que esto escribe, hicimos la entrada. No era el mejor corzo de los vistos, ni el tiro más corto, pero aquello tenía que ir por ellos. Me apoyé en el trípode, respiré, quité el seguro, y me dí cinco segundos más antes de apretar el gatillo... ¡¡¡Cayó, joder, ya cayó!!! No sabía ni que hacer, no me lo podía creer. Allí, otra vez en La Repolla, y el último día. Faltaba Ángel, pero el teléfono hizo rápido de las suyas.

Esos cuatro días he aprendido de corzos, de recechos y de como hay que ser en esta vida, más que en muchos año pululando por ahí. ¡¡Menuda cura de humildad que me llevé!! De esas buenas, de las que se aprenden, y que Dios nos manda de vez en cuando. Desde luego es un rececho que JAMÁS olvidaré.

Por lo demás el mes ha estado salpicado además de por ese tiempo loco del que ya hablé, por el protagonismo taurino que ha tomado Madrid durante el mes de San Isidro, y la verdad, sé que parezco el eterno pesimista taurino, pero poca cosa halagüeña hay en el horizonte. La "orejitis" facilona, unida a una falta de respeto que roza ya lo esperpéntico de quien se sitúa como salvaguarda de la Fiesta, hace al final un cóctel fatal, ponzoñoso, y que no hay quien pruebe.

Además, el tema ganadero sigue igual, la casta y la bravura brillan por su ausencia salvo en contadas ocasiones. El "mono-encaste" con el beneplácito de los que se dicen figuras, lo inunda todo. Vamos que está la cosa como para ir con ganas. Ahora bien, al final y a pesar de los verbeneros, de los maleducados-irrespetuosos, de los "ganaduros", de las "figuritas", y de todo el circo que rodea al toro, al final sale él. Hecho como Dios manda, con trapío (que no son kilos de más), serio de pitones, y fijo. Empuja, acude, va, embiste... y al final, todo da igual, porque él, y sólo él, pone el orden. Pese a quien pese, por mucho seguidor más propio de cantantes que de toreros que haya, por mucho defensor de la "nobleza", de no cargar la suerte, y de los nuevos cánones que haya. Al final, sólo hay una verdad, y esa la pone, el animal más bello sobre la faz de la tierra... quiera que sea así por muchos años, y a pesar de todo.

Con Dios señores, bastante me han aguantado ya. Por lo demás, ya les digo que anda la cosa parada, y hay poco movimiento montero. Ya se verá. Cuídense mucho.

F. J. López Maraver
Fotos: autor, J. B. F. y A. L. M.

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS



CORZOS: LUCES Y SOMBRAS DE ABRIL

Estamos terminando justo ahora el mes de abril, el primer mes de la muy esperada temporada de corzos. Un mes de otear siembras, y tirar de prismáticos. Aunque realmente, seamos francos, un mes en el que cazar corzos es más sencillo que en el resto de la temporada.


 No olvidemos esto, abril es un mes esperado, se abre la temporada, pero salvo excepciones, caza pura y dura, más bien poca. Este “bichito” tiene la peculiaridad de tener su cuerna preparada sobre tres/cuatro meses antes de que comience su celo, y nada más descorrear, las cosas como son… se comporta de manera bastante bobalicona.


A todo ello debemos añadirle el furtivismo, el infame juego de precintos, y la codicia exacerbada de una clase cazadora, que nos las damos de modernos, respetuosos con el medio, garantes del ecosistema, y toda una diatriba de buenos propósitos que a las primeras de cambio se disuelven como un azucarillo en cuanto el monte y la administración nos la ponen a huevo. Y mientras, nosotros tan contentos.

No quiero dármelas de nada, aquí quien este libre de pecado que tire la primera piedra… Me la juego que las piedras se quedan en el suelo. Además, mi corta experiencia me ha enseñado con multitud de ejemplos aquello de: “Dime de que presumes, y te diré de que careces”. Todos, y digo todos, cometemos errores al desarrollar nuestras prácticas cinegéticas. Son bastante imperdonables los hechos a conciencia, pensando mucho antes. Son a reprender aquellos cometidos de manera nada meditada y sin intención, pero de todos, hemos de aprender, y SIEMPRE, hacer examen de conciencia, pensar sobre lo acaecido, e intentar no tropezar con la misma piedra en el futuro.

Pues bien… podemos quedarnos sentados esperando que esto no lo hace nadie, o por lo menos es la percepción que recibo. Al final en el mundo de la caza, y en el de los corzos en particular, el pavoneo de la mala praxis está a la orden del día. ¡¡Ah!! Y no oses contra venirlo, serás poco menos que un hereje.

No quiero tampoco meterme donde no me llaman, para empezar porque no soy nadie, pero me jode soberanamente que hay quienes se crean que esto del corzo es como el mono de goma, que se le puede dar cera hasta hartarse sin problema. NO, esto no es tampoco la gallina de los huevos de oro, y si encima la administración demuestra nulas ganas de hacer las cosas bien, y va nuestro colectivo y apuntilla… Lo siento pero entonces vamos jodidos.

Primero, abrimos en abril, época preciosa para corcear, pero en la que siendo serios no deberíamos cazar –y reconozco que yo lo hago-; pero claro como para no abrir en  este mes, si así no fuera (y ha sido en Castilla La Mancha, hasta hace dos días), al llegar mayo no quedaba un corzo en el campo por mano del furtiveo. Pero oye, que esto no es nada más que problema interior de nuestro colectivo –y no digamos que no, porque mentiríamos como bellacos-, si nos saliera a todos de las narices, podríamos dejar a los duendes tranquilos en un mes en el que andan bastante tontorrones y con demasiadas preocupaciones, como para encima tener que defenderse de la predación de la caza.

Luego está el tema de los precintos de las narices, que es como el parchís, comes una y cuentas veinte. No niego que cualquiera se fía de los planes y estimaciones de la administración visto lo visto, aunque sinceramente no me vale la excusa.


Además está lo de acribillar a perdigonazos a “esas cabras del culo blanco” durante la temporada general de menor, o lo de cómo tengo permiso de esperas a los cochinos, aunque mi coto no contempla los corzos, pues nada, si veo alguno, le sacudo un sartenazo.

Así anda la cosa. A Dios gracias el monte responde por ahora, aunque a pesar de la expansión del Seis Puntas, también comienza a dar síntomas de agotamiento, y mientras entre todos, nos cargamos la gallina de los huevos de oro. Y es que o nos entra en la cabeza racionalizar el recurso cinegético que es el corzo, ser verdaderamente responsables, olvidarnos de tanta cuerna y tanta perla… o llegaran tiempos en que pasada la bonanza, se acabará la moda, y el plato lo habrá pagado sólo el pobre capreolus.

Pensemos pues. No les aburro más.

F. J. López Maraver

Fotos: autor.
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