6 PUNTAS/TOROS 6

Ha pasado el quinto mes del año, que cosas de los números, ha estado marcado para los que amamos el monte y la Fiesta, por el número 6, como no podía ser de otra manera. Y es que entre siembras, bosquetes, prados y bardales han asomado esas seis puntas que nos suben la fiebre por primavera. Del mismo modo, en la primera plaza del mundo -a pesar de algunos que tanto se sientan en ella, como que no-, han salido durante casi treinta tardes seis toros, cuando por desgracia no más, por las puertas de chiqueros.

Así el mes ha estado protagonizado además de por el calor, el aire y las tormentas típicas de esta época, por los corzos y por los toros. Queden de otro lado primas de riesgo, Bankia y demás, que de eso no vamos a escribir nunca aquí. Y es que este año uno ha visto menos toros de los que le gustaría, cosas de la economía y del estudio. Si bien, he tenido atracón corcero, con gusto que así no pica a pesar de los sufrimientos.

Respecto a los capreolus ha andado uno por esas tierras del Principado de Asturias, donde no hay tantas perlas, ni puntos, ni grosores como en Castilla, pero donde la gente, el verde, y la caza en toda la extensión de la palabra, ganan a las tierras calizas por goleada. Dos recechos han sido, dos muy distintos, en dos cazaderos muy próximos pero bien diferentes, y donde a Dios gracias, en ambas ocasiones a pesar de fallos, perdones y otras cosas, ha habido suerte.

A mediados de mes tentó a la suerte Angelito -que así llama de siempre uno al primo-, que al segundo día por la tarde, resolvió uno de esos lances tan suyos. ¿Y es que podía ser otro el que matara un corzo desde la ventana de una tejabana (cobertizo)? No, tenía que ser él. ¡¡Menuda cara cuando se asomó y dijo: "Está ahí"!! Aquello fue para verlo, y encima donde fue a caer ese corzo bien "colorao", de cortas luchaderas pero recia cuerna en su conjunto.

Alegría tras cazar en aquella zona tan bonita, sin duda, la más bella del coto, y quedamos en una nueva cita con nuestros amigos astures, para dos semanas más tarde. Entonces, el del rifle iba a ser un servidor. Comencé un viernes, acompañado sólo de Carlos, pues Ángel tenía obligaciones en Madrid, y no llegaría hasta la tarde.

La mañana se presentaba tremenda, buenísima para cazar salvo por un primer momento donde molestó la niebla. Al final, ya con el sol alto, hicimos una buena entrada cerca de casa, y sin darnos cuenta... Ahí estaba, tumbado en el pasto, mostrando su cuerna de largas luchaderas a escasos quince metros de nosotros y sin enterarnos. Dije que no tiraba, acabábamos de empezar. El amigo ya mosca se levantó, y clavó sus ojos en nosotros durante unos segundos durante los cuales, ya apuntando, me entraron las dudas, pero finalmente no tiré. Carrera, parada -dando otra oportunidad- y serie de ladridos.


De allí, al límite, había que hacer un nuevo intento. Una gran entrada, asomada al prado que mejor estaba, y de nuevo... Sorpresa, a poco menos de una veintena de metros pasteaba un coloradísimo corzo, completo, gordo... y ajeno a nuestra presencia. De nuevo: "No, no voy a tirar". Esta vez ni me eché el rifle a la cara para evitar tentaciones. Finalmente, nos ve, y tres minutos de mutua estatua, luego corre, y parada a unos 60 metros. Tomé una decisión dos veces, con todas las consecuencias, y a pesar de todo, y de lo sufrido después, no me arrepiento.

Tras ellos, un corzo mejor en una zona dificilísima de cazar, otras entradas a otros corzos y los dos de aquella mañana, ladridos, carreras y finalmente dos fallos, en tiros que uno que venía crecido, tras lo de Soria, nunca pensó que podría fallar. La cosa se había complicado, estábamos cazando bien, pero llegaba la última salida, había reventado una luna del coche, y decidí dejarlo. No aguantaba más, me había creado una tensión innecesaria, había dejado de disfrutar, y eso no era. No todo puede ser cazar porque sí, tenía que quitarme la losa mental que pesaba sobre mí. Finalmente, quienes conmigo vivieron aquellos momentos de hundimiento cinegético personal, tiraron de mi, y me convencieron. Había que quemar el último cartucho.

Aquella última tarde todo fue distinto. Ni fuimos con mi coche, ni fui con mi rifle, pues Víctor me prestó su 270, no fuera el FN el culpable de aquellos fallos anteriores; y sobre todo, me cambió el rictus, había que dejarse de zarandajas y dedicarse a disfrutar. Al final para aquello estaba allí, y ni el comerme la cabeza, ni los problemas de Madrid, iban a ayudarme a vivir y saborear aquellos ratos.


Está claro que uno no merece, ni tanta comprensión, ni esa amistad total, ni mucho menos tanta suerte. Y es que mi tocayo nos lo cantó. Carlos, Víctor y uno que esto escribe, hicimos la entrada. No era el mejor corzo de los vistos, ni el tiro más corto, pero aquello tenía que ir por ellos. Me apoyé en el trípode, respiré, quité el seguro, y me dí cinco segundos más antes de apretar el gatillo... ¡¡¡Cayó, joder, ya cayó!!! No sabía ni que hacer, no me lo podía creer. Allí, otra vez en La Repolla, y el último día. Faltaba Ángel, pero el teléfono hizo rápido de las suyas.

Esos cuatro días he aprendido de corzos, de recechos y de como hay que ser en esta vida, más que en muchos año pululando por ahí. ¡¡Menuda cura de humildad que me llevé!! De esas buenas, de las que se aprenden, y que Dios nos manda de vez en cuando. Desde luego es un rececho que JAMÁS olvidaré.

Por lo demás el mes ha estado salpicado además de por ese tiempo loco del que ya hablé, por el protagonismo taurino que ha tomado Madrid durante el mes de San Isidro, y la verdad, sé que parezco el eterno pesimista taurino, pero poca cosa halagüeña hay en el horizonte. La "orejitis" facilona, unida a una falta de respeto que roza ya lo esperpéntico de quien se sitúa como salvaguarda de la Fiesta, hace al final un cóctel fatal, ponzoñoso, y que no hay quien pruebe.

Además, el tema ganadero sigue igual, la casta y la bravura brillan por su ausencia salvo en contadas ocasiones. El "mono-encaste" con el beneplácito de los que se dicen figuras, lo inunda todo. Vamos que está la cosa como para ir con ganas. Ahora bien, al final y a pesar de los verbeneros, de los maleducados-irrespetuosos, de los "ganaduros", de las "figuritas", y de todo el circo que rodea al toro, al final sale él. Hecho como Dios manda, con trapío (que no son kilos de más), serio de pitones, y fijo. Empuja, acude, va, embiste... y al final, todo da igual, porque él, y sólo él, pone el orden. Pese a quien pese, por mucho seguidor más propio de cantantes que de toreros que haya, por mucho defensor de la "nobleza", de no cargar la suerte, y de los nuevos cánones que haya. Al final, sólo hay una verdad, y esa la pone, el animal más bello sobre la faz de la tierra... quiera que sea así por muchos años, y a pesar de todo.

Con Dios señores, bastante me han aguantado ya. Por lo demás, ya les digo que anda la cosa parada, y hay poco movimiento montero. Ya se verá. Cuídense mucho.

F. J. López Maraver
Fotos: autor, J. B. F. y A. L. M.

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8 comentarios:

  1. Un buen rato he pasado leyendote Javier.
    Gracias.

    J.R.Sanmartín.

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  2. !!lo que disfrutamos cazando.......y leyendo a buenos narradores¡¡¡
    Un abrazo fuerte, gorrioncillo.
    Federico Torralbo Cereijo

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  3. Pues vaya, yo que pensaba que ibas a torear ese torito/novillo o lo que sea... Menuda decepción!

    ;) Un saludo javi

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  4. MUCHAS GRACIAS Fede.
    Un abrazo fuerte

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  5. Buenas tardes Javi, por cierto ............el rifle o tú??? , cuentame, has vuelto a tirar para comprobar el visor???, un abrazo fuerte, gorrioncillo.
    Federico Torralbo Cereijo

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  6. Pues si te digo la verdad Fede, sospecho que fue más algo del "indio" que de otra cosa. Pero vamos antes de volver a salir con el rifle al campo, iré antes a la galería de tiro y saldré de dudas.
    Un abrazo

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