CORZOS: LUCES Y SOMBRAS DE ABRIL

Estamos terminando justo ahora el mes de abril, el primer mes de la muy esperada temporada de corzos. Un mes de otear siembras, y tirar de prismáticos. Aunque realmente, seamos francos, un mes en el que cazar corzos es más sencillo que en el resto de la temporada.


 No olvidemos esto, abril es un mes esperado, se abre la temporada, pero salvo excepciones, caza pura y dura, más bien poca. Este “bichito” tiene la peculiaridad de tener su cuerna preparada sobre tres/cuatro meses antes de que comience su celo, y nada más descorrear, las cosas como son… se comporta de manera bastante bobalicona.


A todo ello debemos añadirle el furtivismo, el infame juego de precintos, y la codicia exacerbada de una clase cazadora, que nos las damos de modernos, respetuosos con el medio, garantes del ecosistema, y toda una diatriba de buenos propósitos que a las primeras de cambio se disuelven como un azucarillo en cuanto el monte y la administración nos la ponen a huevo. Y mientras, nosotros tan contentos.

No quiero dármelas de nada, aquí quien este libre de pecado que tire la primera piedra… Me la juego que las piedras se quedan en el suelo. Además, mi corta experiencia me ha enseñado con multitud de ejemplos aquello de: “Dime de que presumes, y te diré de que careces”. Todos, y digo todos, cometemos errores al desarrollar nuestras prácticas cinegéticas. Son bastante imperdonables los hechos a conciencia, pensando mucho antes. Son a reprender aquellos cometidos de manera nada meditada y sin intención, pero de todos, hemos de aprender, y SIEMPRE, hacer examen de conciencia, pensar sobre lo acaecido, e intentar no tropezar con la misma piedra en el futuro.

Pues bien… podemos quedarnos sentados esperando que esto no lo hace nadie, o por lo menos es la percepción que recibo. Al final en el mundo de la caza, y en el de los corzos en particular, el pavoneo de la mala praxis está a la orden del día. ¡¡Ah!! Y no oses contra venirlo, serás poco menos que un hereje.

No quiero tampoco meterme donde no me llaman, para empezar porque no soy nadie, pero me jode soberanamente que hay quienes se crean que esto del corzo es como el mono de goma, que se le puede dar cera hasta hartarse sin problema. NO, esto no es tampoco la gallina de los huevos de oro, y si encima la administración demuestra nulas ganas de hacer las cosas bien, y va nuestro colectivo y apuntilla… Lo siento pero entonces vamos jodidos.

Primero, abrimos en abril, época preciosa para corcear, pero en la que siendo serios no deberíamos cazar –y reconozco que yo lo hago-; pero claro como para no abrir en  este mes, si así no fuera (y ha sido en Castilla La Mancha, hasta hace dos días), al llegar mayo no quedaba un corzo en el campo por mano del furtiveo. Pero oye, que esto no es nada más que problema interior de nuestro colectivo –y no digamos que no, porque mentiríamos como bellacos-, si nos saliera a todos de las narices, podríamos dejar a los duendes tranquilos en un mes en el que andan bastante tontorrones y con demasiadas preocupaciones, como para encima tener que defenderse de la predación de la caza.

Luego está el tema de los precintos de las narices, que es como el parchís, comes una y cuentas veinte. No niego que cualquiera se fía de los planes y estimaciones de la administración visto lo visto, aunque sinceramente no me vale la excusa.


Además está lo de acribillar a perdigonazos a “esas cabras del culo blanco” durante la temporada general de menor, o lo de cómo tengo permiso de esperas a los cochinos, aunque mi coto no contempla los corzos, pues nada, si veo alguno, le sacudo un sartenazo.

Así anda la cosa. A Dios gracias el monte responde por ahora, aunque a pesar de la expansión del Seis Puntas, también comienza a dar síntomas de agotamiento, y mientras entre todos, nos cargamos la gallina de los huevos de oro. Y es que o nos entra en la cabeza racionalizar el recurso cinegético que es el corzo, ser verdaderamente responsables, olvidarnos de tanta cuerna y tanta perla… o llegaran tiempos en que pasada la bonanza, se acabará la moda, y el plato lo habrá pagado sólo el pobre capreolus.

Pensemos pues. No les aburro más.

F. J. López Maraver

Fotos: autor.
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