EL DESCUAJE

Descuajar, según el diccionario de la RAE, es en su tercera acepción: Arrancar de raíz o de cuajo plantas o malezas. Aunque también apunta: Hacer a alguien desesperanzar o caer de ánimo. Bueno… Vamos a procurar no caer en la segunda de las acepciones, pero eso si, ya les aviso que voy a arrancar la maleza de mis pensamientos cinegéticos.


Es obligado también decir que el título de esta entrada tiene mucho que ver con un libro llamada La Historia y la caza en la Sierra de San Pedro hasta 1970 de Rafael Serrano Vicente. Ahora mismo lo considero la mayor de las joyas de mi escasa y pequeña biblioteca cinegética. En dicha obra se hace mucha mención al descuaje del monte, a como durante años se arrancaba y se limpiaba el monte bajo de muchísimas zonas de la sierra, quedando mancha tan sólo en los morrones más abruptos e intrincados, que la verdad en esta sierra son pocos, pero que sirvieron en multitud de ocasiones de refugio a la poca caza mayor que pobló el lugar durante muchos momentos, pero sobre todo en los dos últimos siglos.


Da pena pensar en el estado de esta sierra que adoro tras la guerra entre hermanos que asoló nuestro país en los años treinta del XX. Ahora bien, no sólo el enfrentamiento bélico provocó grandes daños a estos montes, pues antes sufrió a los cabreros y sus incendios –de los que tanto habló Covarsí- y también sufrió talas y los mencionados descuajes en distintas épocas, y más recientemente las repoblaciones con ese feo árbol que es el eucalipto, además de la proliferación exagerada de las cercas.


Ahora bien, la sierra a pesar de la abundancia de caza actual, de la recuperación del monte en muchas zonas y de la apertura de la caza mayor y de la montería en especial a todas las capas de la sociedad, está hoy en día, más descuajada que nunca. No sólo ocurre entre los montes que van desde el puerto de Las Herrerías hasta la Sierra de Santiago, ocurre en toda la España montera.


Los tiempos han evolucionado, se ha progresado, y hoy sin duda vivimos la que posiblemente sea la mayor Edad de Oro de la montería española. Pero no basta, ahí están las mallas, la ausencia de especies emblemáticas y propias como el lobo o el lince, la exageración de poblaciones de cervuno en muchos lugares, la proliferación de esperas que destronan a la sierra de sus señores y que causan también un gran destrozo en las piaras sin permitir a los cochinos una mísera veda en todo el año; tampoco me olvido del poco respeto a las formas de siempre, las prisas, los lances de tiro olímpico –recuerdo aquello de Robarle al campo- o también unas comodidades que hacen que con tan sólo un poco de afición y de dinero, cualquiera pueda quitarle al campo uno de sus pobladores.


Me dirán que ya estoy yo con mi pesimismo latente, y que al final me voy a dejar caer por la acepción de descuaje que apuntaba en último lugar. Puede ser, uno es así, y mucho más cuando tiene tiempo para pensar, pero es que los hechos son tozudos, ponen las cosas en su lugar y por lo menos a quien esto escribe, le llevan a pensar.


Se supone que la crisis –yo mismo lo apuntaba por aquí- iba a realizar su propio descuaje en el mundo de la caza y de la montería, se suponía que al final sólo iban a quedar los que de verdad mostrasen verdadera afición y tuvieran algo de suerte para poder seguir permitiéndose tiempo de ocio para la venatoria. Pero al final, el sector está campeando el temporal como puede, y no es algo de lo que no me alegre; pero por desgracia sigue quedando en la sierra mucha velocidad, mucha mala educación, muchas cuentas de rentabilidad, mucha comodidad y sobre todo mucho pasotismo de las cosas bien hechas.


Está claro que errar es humano, personalmente pienso que incluso vivo equivocado, pero empiezo a dudar si es humano el discernir sobre ello, el aprender de los excesos, y sobre todo el afrontar nuestras equivocaciones como debe ser, y haciendo intención real de no volver a cagarla. A Dios gracias, hay de todo, y eso hace que también queden los que hacen por aprender, y saben que por muchos años que lleven pisando sierra, siempre se puede saber algo nuevo. Ya lo dijeron por ahí, muy acertadamente: Montear es un continuo ir.


En fin, me estoy poniendo que no hay quien me aguante, y siempre me ocurre igual, que cuanto más quiere uno sincerarse, más aburre, y más mira lo que escribe y dice… “Menudo tostón acabo de soltar”. Bueno, espero que al menos a alguien le sirva, a mi desde luego me viene bien como terapia personal. Bien es verdad que como ayer mismo me decían, al final esto son etapas, como las rachas con los tiros y los aciertos en los lances. Seguramente sea así, pero uno no deja de ir, ni pretende dejar de hacerlo.


El monte por lo menos sigue ahí, bien es verdad que un venado ya no puede atravesar la sierra de punta a punta, y bien es verdad que ver o abatir una cierva ya dejó hace mucho de ser acontecimiento; pero no estaría nada mal que volviera a ser así, o por lo menos se pareciera. Que las monterías fueran de días, con corsarios, sin cortafuegos, con escopeta matando la caza en jurisdicción, y andando, en mulo o  a caballo. Haciendo las cosas despacio, dejando pasar el tiempo sin que importe, al ritmo del monte, y con poca caza. Quizás así se produjera el verdadero descuaje… Mientras, disfruten todos, nadie es mejor ni peor por pensar de una manera u otra, pero yo pienso así y lo cuento, nada más. Puedo que lo compartan o que no, pero si al menos se han entretenido leyendo, y sobre todo si les ha hecho pensar. Bienvenido sea.
Un abrazo fuerte, y muy feliz año.

F. J. López Maraver

Fotos: autor. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

P. D. Prometo que con el año nuevo escribiré otras cosas, tengo por ahí guardado un EJYC Test de un amigo que promete, ya lo verán.

ENTRE BATANEROS Y CONDUCTERO, SE PASA POR POZAS NUEVAS

Una vez más voy acumulando vivencias, kilómetros, monterías y risas, y al final me las veo y las deseo para buscar títulos para las entradas, y para resumir de forma amena todo lo que hay que contar.


En primer lugar he de remitirles a dos personas sin las cuales esta entrada no sería posible. Son dos buenos mozos cartagineses, los recordarán por aquella entrada titulada "Retornando a Cíjara", donde también hablé de ellos. Y es que han sido estos dos hermanos, Jorge y Jesús, o Jesús y Jorge; los culpables de que yo haya andado estos dos últimos fines de semana por tierras de Andalucía, haciendo primero parada en su ciudad: Cartagena.

Todo comenzaba hace meses, cuando Jesús me comentaba que quería que yo les acompañara a ambos al fin de semana en que cazarían con Montesa, Pozas Nuevas y la mancha Conductero de Loma de la Higuera. Era una oportunidad perfecta para escribir dos buenas crónicas en “Lances & Ladras” y hacer un reportaje de Montesa, grupo de Andújar, con mucha solera en el mundo montero, donde además, uno tiene buenos amigos.

Hasta ahí todo sencillo, pero la cosa comenzó a cuajarse en dos fines de semana, cuando la mancha Bataneros, de Vélez-Blanco, galardonada este año en la gala de Premios Todomonteria, se retrasó debido al agua al domingo 25 de noviembre. Jorge, que también caza con el Club de Caza Mayor “Monteros del Rocío”, me recordó aquello que me dijera Ramón en la señalada entrega de premios: “Tenéis que venir a cazar con nosotros”. Dicho y hecho.

Quedaba así cuajado el plan: 24 y 25 de noviembre a cazar en Vélez-Blanco –el sábado cazaríamos en una batida de la sociedad cinegética del pueblo-, y todo ello acompañado de mi señor primo que se apunta a un bombardeo; y 1 y 2 de diciembre a Pozas Nuevas y Loma de la Higuera, tras autorizarnos Montesa para poder ser tres personas en el puesto. Aquello pintaba de vicio: amigos hechos, amigos nuevos, reencuentros, caza, fotos, nuevos cazaderos, y oportunidades para seguir alimentando de contenido la publicación de monterías en la que uno colabora.


Llegó el viernes 23 de noviembre, y se plantó un servidor con don Ángel –primo, pero reprimo-, allí en Cartagena. Alegría tremenda al ver de nuevo a los hermanos Díaz Macián, gente buena como la que no queda, pero es que la cosa no quedaría ahí, pues suele ocurrir, que la gente buena convive y comparte con gente igual. Conocí por tanto, en los dos días siguientes en Vélez-Blanco, a magníficas personas como Alfaro, Juanma, “Cosillas” –único en su especie-, Joan, y por supuesto Bernardino y sus hijos. A ello se unió además el hecho de ver de nuevo a Ramón, presidente de Monteros del Rocío, y a Mayte, secretaria del grupo.
El sábado cazamos Almohallas Grandes, una preciosa mancha de pinos carrascos, espartos y romeros, crecidos sobre tierra blanca, surcada por tremendas ramblas que recuerdan la fuerza que tiene el agua. El día además acompañó, y hasta pude ver un par de marranos en un trasluzón. Echamos el día que se dice, y bien echado además.

El plato fuerte almeriense estaba reservado para el domingo. Los Bataneros estaban buenísimos, y el resultado de 61 cochinos de la temporada anterior, se presentaba factible de alcanzar o incluso superar. Por desgracia, el mundo está lleno de sinvergüenzas, y la misma mañana de Almohallas comunicaban a Bernardino y Ramón que habían soltado perros en la zona norte de la mancha… Cazaban otra finca a dos kilómetros. Así que ya ven ustedes la sinrazón, y las ganas de hacer daño. Por lo menos, los forestales estuvieron al tanto y la cosa se denunció.


El domingo se presentaba así con incertidumbre. Se sabía que la mancha no estaba estropeada del todo, pero hasta que no se ve lo que se piensa, uno no queda tranquilo. Por otro lado la organización de Monteros del Rocío hizo las cosas muy bien, se colocaron las armadas en completo silencio –de verdad, no oí un solo portazo en una armada de veinte puestos-, y ya se tenía prevista una compensación, en caso de que las cosas salieran muy mal.


Finalmente Dios aprieta pero no ahoga, y si bien aquello no fue el festival de la temporada pasada, 38 cochinos eran un señor resultado habiendo pasado todo lo que había pasado. Se acababa con esa batida un fin de semana muy especial. El trato hacia mi y hacia mi primo fue espectacular, todo fueron atenciones, detalles, y desvelos por que estuviéramos cómodos. Sólo puedo dar de nuevo las gracias, una y mil veces, porque uno no se hace merecedor de tanto.

Tras ello, una semana por medio, y el viernes 30, se presentaba quien esto escribe en Montoro. Allí, de nuevo Jorge y Jesús, y más buena gente de Murcia. Pepe, su mujer, su hijo José Carlos, y la novia de éste, hacían la compañía aún mejor. Cenita en el centro del pueblo, y al encame, esperaba nada más y nada menos que Pozas Nuevas.

Se levantó el día con niebla agarrada al Guadalquivir, pero remontando hacia Cardeña, la mañana quedó espléndida. Atrás iban quedando El Eucalipto, La Onza de Gil, Casa Polo o El Socor, y con frío, pero con un buen desayuno, esperaba Dehesa Pozas Nuevas. Nervios, y alguna que otra presentación y reencuentro, pues pude saludar a don Javier Portela y su amigo Pedro, a José María Ortega –del que soy fan declarado-, y además a Nono.


La suerte deparaba el 2 de Almadenejos, el puesto que yo había señalado para nuestra particular porra, y bajando barrancos con dirección al Yeguas, llegamos allí. De balcón, con acebuches, quejigos, encinas, lentiscos, adelfas… ¡¡estábamos sin duda en Sierra Morena!!


Pronto empezaban las detonaciones, y sin soltar los perros un venado y un gamo yacían ya en tierra. A ello se unía después un lance cochinero, un venado que casi nos arrolla pero que se dejó pasar, y un gamo que entró a papote. La guinda fue un precioso lance a otro venado, si bien, la sequía no permitió que el trofeo fuera como los habituales de otros años en la zona.


Fotos, cobros, mulas, recogiendo archiperres, y subiendo… ¡¡Hombre, el 6 del Burcio!! Pepe y su hijo José Carlos, andaban por allí. ¿Qué?, ¿cómo?, ¡venga ya…! Repartidos por la barrera de enfrente 2 venados y 11 cochinos. Si, si, eso que digo, y acompañado todo de casi treinta lances. El puesto de una vida.


La comida entró por ello con alegría, y los níscalos deliciosos caían perfectos al estómago. Tras lo cual, iba languideciendo la tarde, comentando lances, puestos de ensueño, y entonces empezó el desfile de remolques. Poco a poco, sobre el cemento, que se quedó chico: 65 venaos, 63 gamos, 2 muflones y… 92 cochinos entre los que destacaban doce navajeros. Sin duda la mejor montería en la que uno ha estado, y encima acompañado de tan buena gente, en un marco tan extraordinario, puuufff… demasiado. ¡¡Pero espera, que queda Loma de la Higuera!!


Mañana pelona, heladora, el agua congelada al caer al vaso, pero las risas y el calor presentes. No podía ser de otra manera estando con don Paco Mas y su primo Pedro. Corchuelos -lugar de la junta- se presentaba radiante, y de nuevo…. A todo el centro de la mancha: 1 del Conductero.


El sol, muy agradable, hizo que las horas de montería fueran muy confortables. Y allí, entre pinos, dorsos de ballena, quejigos y regatos, aparecían cada poco, ciervas y venados, si bien todos ellos de pequeño porte. Los grandes quedaron para otros más afortunados, pero los cochinos en collera, se presentaron pronto y depararon lance, por lo cuál hubo salsa buena en el primero de la traviesa principal.


De nuevo fotos, archiperres al hombro, y a comer. Junto al blanco cortijo de la Loma, no pintaban bien las caras, pero al final, simplemente fue un mal reparto, pues algunos hicieron el cupo de 3 venados, los cochinos fueron más de los habituales y aparecieron grandes venados en un tapete de 68 machos de ciervo, 29 marranos, 6 muflones y 125 orejonas. Vamos, otro monterión más.


Si usted, ávido lector, ha llegado hasta aquí, andará exhausto, así que ruego perdone mi poca capacidad de síntesis, y eso si me permita una vez más dar las GRACIAS a tanta gente, a dos magníficos grupos de monteros, y por supuesto a ellos… a ese par de Cartagena, de verdad, mi deuda es eterna. Ha sido un auténtico placer pasar con vosotros estos dos magníficos fines de semana. Nunca lo olvidaré.
Un fuerte abrazo

F. J. López Maraver

Fotos: autor, Jorge D. M. y Jesús D. M. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS