PREGUNTAS DE CAZA A TENAZÓN: ERNESTO QUESADA

Tal y como prometía antes de que acabara el año, os traigo aquí una nueva entrega del “EJYC Test”, si bien este tiene para mi algo muy especial. Hasta ahora han respondido a las Preguntas de Caza a Tenazón, familiares y algunos buenos amigos, pero el protagonista en esta ocasión, es un caso único de entre de los buenos amigos.

Ernesto Quesada Del Sol es sin lugar a dudas la mejor persona que he conocido gracias a la caza. Todos saben que Ernesto es un buenazo de los pies a la cabeza, pero como él dice, y yo comparto, ser bueno no significa dejarse engañar o no enterarse de las cosas. Simplemente a esta bondad se une una educación de las que ya no quedan, y él, otro cazador que como yo, llegó tarde a este bendito -o maldito qué sé yo- mundo de la caza; respeta y se hace respetar, sin más. No necesita hacerse notar.
En él no hay aspavientos, ni palabras vacías, ni verdades a medias. Ernesto es como es, sin trampa ni cartón. Hace y deja hacer, no complica la vida a nadie y respeta a todo el mundo, tanto como a sí mismo.
Para mí Ernesto, que como todos también tiene sus cosas, es un ejemplo de los pies a la cabeza, es además probablemente el amigo al que más me alegra ver feliz tras un día de montería. Es especial sin duda ver como vive la caza Ernesto, por lo menos así es para mí. Os dejo con él, seguro vais a descubrir muchas cosas que no sabíais.

Nombre: Ernesto Quesada.
Edad: 40.
Natural de: Madrid.
Profesión: Servidor de lo público.
Familia: Felizmente casado, padre de dos hijos.

Primer recuerdo cinegético y edad con la que te iniciaste en la caza: Mi llegada al mundo cinegético es tardía. Sin ningún tipo de antecedente en mi familia y círculo más cercano, llegué al mundo venatorio casi por casualidad, cuando ya tenía a mis espaldas un cuarto de siglo. Siendo novios, mi mujer me hablaba de la afición de su familia por la caza, pero siempre me mantuve ajeno a la misma pese a que siempre se me animaba a acompañarles. Pensaba yo, desde el desconocimiento, que esta actividad no iba conmigo. Hasta que un día accedí a acompañar a mi familia política a una montería. Desde ese momento, el “veneno” se inoculó y caló hondo en mí. Hasta el día de hoy. Contrariamente a la tendencia habitual, me inicié directamente en la caza mayor, sin pasar previamente por la menor.
Mis primeros recuerdos cinegéticos se asocian a la cuna de la montería, Sierra Morena. Y siempre tienen a mi suegro como protagonista (entonces, “el padre de la novia”).

Tu mentor cinegético fue: Mis mentores cinegéticos fueron mi suegro, al que comencé a acompañar a los puestos de montería al principio de la afición, y posteriormente mis cuñados, sobre todo Ignacio, el pequeño. Con ellos pasé ese periodo crítico de aprendizaje tan vital durante los primeros años y lo que hago ahora en un puesto no es más que un fiel reflejo de lo que ellos me enseñaron.

Tu primera pieza y/o res: Mi primer lance en caza mayor lo tuve con una cierva. Recuerdo nítidamente cada detalle de ese momento. Sin embargo, pasaron varios años antes de que lograra abatir mi primer venado. Fue durante una montería en la finca “Chocillas”, en Sierra Morena, acompañando, como no podía ser de otra manera, a mi suegro. Perdida ya toda esperanza, estábamos a punto de recoger la panoplia y regresar a la casa cuando un venado acertó a pasar la loma que conducía a un regato que estaba a los pies de nuestro puesto. Mediado su descenso, advirtió nuestra presencia y volvió sobre sus pasos, dándome el tiempo justo para realizar un único y torpe disparo antes de perderse al otro lado. Cuando el postor y mi cuñado Ignacio acudieron a recogernos fuimos al tiro, sin encontrar al animal pese a batir la zona insistentemente. Dimos por fallado al animal, regresando cabizbajo a la junta, otra vez más de vacío. Sin embargo, mi cuñado y el postor aparecieron poco después en la casa con el venado. Lo traían en el capó del vehículo, como si de una parada triunfal se tratara y desde luego que para mí sonaban fanfarrias y el suelo se alejaba de mis pies en una extraña sensación de levitación. ¡Mi primer venado! Un sorprendentemente certero tiro de codillo acabó con su vida, yendo el animal a morir a una distancia mayor de la esperada y sin dar sangre. Os podéis imaginar mi alegría…  y las calamidades que tuve que pasar a continuación cuando me hicieron novio. Ese animal, pese a su humilde trofeo, ocupará siempre un lugar preferente en mi casa.
 Referente a la caza menor, mi primera pieza abatida fue un conejo cazando en mano en Ciudad Real hará unos cuatro años. Ese día abatí también mi primera perdiz.  


Tu primera montería: En alguna de las fincas de Sierra Morena en las que solía moverse mi suegro. Ya sabes que tengo una fatal memoria, por lo que no acierto a recordar su nombre.

Caza mayor o menor: Soy cazador de mayor, claramente. No tengo apenas experiencia en “caza chica”, algo que estoy tratando de solventar, pero lo que me hace sentir la caza mayor no lo ha logrado ninguna de mis tímidas incursiones en la menor. El mar de jaras moviéndose ante un cochino que llega a tu puesto rompiendo monte como un tren de mercancías… ¡Ufffff!

Una especie de mayor: En montería española, el ciervo, aunque cada vez me atrae más el cochino. Y para recechar, el corzo.

Una especie de menor: El conejo. Los descastes de conejo al inicio del verano son mi modalidad preferida de menor.

Tu modalidad de caza favorita: Complicado, pero si he de decantarme por alguna… rececho

Tu trofeo más especial: Posiblemente, el único trofeo de jabalí que tengo. Valoro ahora mucho más la gran dificultad de lograrlo en abierto. Se trataba de un viejo macho que se zorreó hacia atrás una vez pasaron los perros tratando de escabullirse a la finca lindera. Sabedor de mi presencia, aguantó pacientemente a escasos metros de mí hasta que no tuvo más remedio que cruzar el cortadero cuando unos perros lograron seguir su rastro y lo forzaron a huir. Fallé un primer disparo y logré acertarle con un segundo antes de que se perdiera en la espesura. Los perros dieron pronto con él malherido y acudí a rematarlo a cuchillo. ¿Qué más puedo pedir?

Una finca: Las Juntas, en Santa Elena (Jaén), escenario de mis primeros pasos como montero.

Una jornada o un puesto inolvidable: Hará un par de años de ello. Todavía recuerdo cada segundo transcurrido en aquel puesto de la Moheda de Zalduendo. La estampida de los becerros (¡que hicieron temblar el suelo como si de un terremoto se tratara!), los jinetes moviendo a las reses, las pelotas cruzando constantemente por nuestra armada, el incesante tiroteo… ¡Gracias Andrés! 

Un sueño cinegético: Tantos…  Sin embargo, si me he de quedar con uno solo, lo tengo claro: disponer algún día de un sitio que puedas considerar como tuyo, algo que cuides para el disfrute con un pequeño grupo de amigos entre los que prime la confianza y la camaradería. Un lugar que algún día quieras “legar” a tus hijos. Rececho (corzo y venado), alguna espera, un par de batidas por temporada y el aderezo de algo de caza menor. Soñar no pide pan.

Un rifle y una escopeta: Como rifle, mi compañero de fortuna desde hace cuatro temporadas: un Sako Hunter cal. 338 WM. Como escopeta, mi humilde AYA 117 cal. 12 de 66 cm de cañón, una super especialista para la caza chica de pelo.

Un calibre y/o cartucho: Para caza mayor, en batida y montería: 338 WM con puntas Power point 200 grains. Para rececho: 7 mm RM montando puntas Accubond 160 grains.
Para la caza menor siempre he usado B&P classic 32 gramos del 7. Para pluma y pelo indistintamente con resultados satisfactorios, aunque reconozco que no me he prodigado demasiado en la caza menor y, por tanto, mi elección puede no ser la mejor.

Una rehala: No creo que mi bagaje sea el suficiente como para poder destacar una rehala en concreto. Desde luego, las equilibradas en su composición y las guiadas por un hombre honesto.  


Un perrero: Hago extensiva mi respuesta anterior.

Una sierra: Sierra Morena

Un lugar de caza realmente bonito: Estoy seguro de que quedan todavía multitud de sitios extraordinarios para la caza que desconozco, pero en este momento, si he de decantarme por uno solo, diré sin género de duda: la montaña leonesa y, particularmente, Riaño.


Tu collera en la caza: A veces pienso en el futuro y me imagino cazando con mis hijos. Aunque el mayor, con 7 años, ya me ha acompañado en alguna ocasión, todavía falta mucho tiempo para que lo hagan regularmente. Mientras tanto, la compañía ocasional de algún buen amigo suple este vacío y siempre es bienvenida. Posiblemente sea mi amigo Miguel con el que en más ocasiones he cazado y con quien mejor me he compenetrado. Para mí, es un ejemplo de afición, seriedad, principios, generosidad y ética cinegética. Lo poco que sé de rececho lo aprendí con él y hemos pasado jornadas memorables en montería o caza al salto. Pese a lo anterior, soy un cazador fundamentalmente solitario y también es legítimo valorar “la soledad del puesto” o “del recechador”.

Para terminar: ¿qué te preocupa en la caza y qué te hace seguir creyendo en ella? Creo que la caza se sustenta en unos valores firmes de ética, respeto y compromiso que son válidos en todas las facetas humanas. Cazar, además, no implica necesariamente matar (venare non est occidere). Todavía me aferro a esos principios. Cuando desaparecen la ilusión y la confianza o tu ánimo queda condicionado por los estrictos resultados… dejas de cazar. El día que concilie el sueño la víspera de una batida o campee apático durante un rececho… ese día sabré que ya no tengo nada más que hacer en la caza y me dedicaré a otros menesteres.
En mi humilde opinión, los principales problemas de la caza emanan del propio colectivo (debidos a la envidia, la ambición (“el ánsia”) y la hipocresía). Por otra parte, la evolución del mundo cinegético hacia el mercantilismo más atroz (tanto pago, tanto he de “cazar”) ha terminado de prostituir nuestra actividad. Esto no es más, en definitiva, que una imagen de la propia sociedad en la que vivimos.

Un deseo: No perder la ilusión

Y finalmente un mensaje para el que empieza en lo cinegético: Que comience sin prisas, con humildad y sin anhelar grandes resultados. Que sepa disfrutar de la naturaleza, de una jornada en el campo con amigos y que no ansíe quitarle al monte más de lo que éste puede darle.


En estas respuestas estoy seguro que habréis conseguido conocer mejor a don Ernesto Quesada. Un amigo, único.
Un abrazo a todos

F. J. López Maraver
Fotos: autor y EQ. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

3 comentarios:

  1. Fantástica entrevista Javier. Sin duda nuestro querido Ernesto es de las mejores personas que he conocido; un fantástico compañero de caza, con unos valores y una educación fuera de los comúm.
    Un fuerte abrazo Ernesto.

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    1. MUCHAS GRACIAS por tu comentario, pero si no firmas (pone claramente arriba que hay que hacerlo...) No sé quien eres ¿¿??
      Un saludo

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    2. Buena entrevista Javier, respecto al amigo Ernesto, es un placer cazar con él. Ernesto, eres "buena gente", sigue así y no cambies nunca.

      Un fuerte abrazo,

      Jim "Sabattico"

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