EL PESCADOR DE SALMÓN

Llega esta primera entrada del mes abril, un poco de rebote, pero la verdad que ni pintada. Me explico: Hace algo más de una hora "bicheando" por la red, he ido a dar en el foro de la ACE (Asociación del Corzo Español), con la adaptación de una fábula escocesa que me ha dejado impactado y alegre a la vez. Es una historia magnífica, y una muestra de que a pesar de todo, no estoy sólo en mis convicciones, algo que me alegra enormemente saber.


El autor de esta adaptación responde al nombre de Pedro Corchado Pinilla, y ha tenido la amabilidad de permitirme compartir su relato en este blog, y por tanto con todos vosotros. Dejo que él os cuente algo sobre la adaptación, y después la fábula en sí. Ahí va:

El siguiente relato es un "plagio" de una historia que me contaron y que hacía referencia a un pescador de salmón en Escocia. Es una historia con un mensaje claro, y siempre la cuento permitiéndome ciertas licencias de cosecha propia. Esta vez la he adaptado a la caza del corzo, pero el mensaje es el mismo.

"Cuenta la leyenda que un cazador de corzos -de la ACE- se murió, y fue al cielo. Al llegar pudo comprobar que efectivamente el cielo era como siempre lo había soñado en vida:
Sorprendentemente su viejo rifle 270 Mannlincher había cruzado el umbral con él, así como su no tan vieja lente Zeiss de 3 a 12 aumentos, sus prismáticos, su "mirón", sus balas, su morral, su cuchillo de desollar, Buttolo, trípode... -¡lo tengo todo!- Pensó, dando gracias a Dios, por tan buen recibimiento.
Se encontró en una casita de piedra en mitad del campo, ningún lujo, no lo necesitaba, pero sí había todo lo indispensable.
La vista que tenía desde la casita, no podía haberla imaginado ni en sus mejores sueños. Hacia el norte tenía un paisaje parecido a la cordillera Cantábrica en la que había tenido oportunidad en vida de hacer algún rececho de corzo. Hacia el sur veía grandes alcornocales, con lomas cubiertas de lentisco y siembras robándole espacio al monte en las laderas. -Esto tiene que ser Cádiz- Imaginó, mientras se frotaba las manos y dirigía su mirada hacia el este y el oeste. A un lado contempló un gran puzzle de monte y siembras con suaves lomas que se perdían en el infinito y al otro lado, páramo. -Ahora sí que lo tengo todo, Dios en su inmensa misericordia y sabiduría, me ha concedido lo que me merecía- Dijo para sus adentros.


Sin perder más tiempo, empezó a preparar el equipo con intención de ponerse manos a la obra.-Hoy me voy a" Guadalajara"- fantaseó dirigiéndose a un lugar cercano a la casa que le recordó terrenos ya cazados.
Llevaba andados no más de doscientos metros cuando descubrió un puntalito en el que instaló su "mirón" a la sombra de una sabina. Desde esa posición, dominaba un valle de siembras incipientes como una lengua estrecha y larga que se adentraba en el monte.
No pasaron cinco minutos y ya había aparecido una corza como por arte de magia, a unos ciento cincuenta metros de su posición. Se echó los prismáticos a la cara, y en ese instante apareció otro bulto desde el monte en dirección a la corza que comía plácidamente. -¡Vaya aparato!- se le escapó de los labios, a la vez que agarraba el rifle con la mano derecha y colocaba el morral con la izquierda, con una agilidad y sigilo que no recordaba desde hacía mucho tiempo. Montó el pelo del rifle y esperó a que parase... ssssplaff. Patas arriba. Contento, se acercó, lo colocó, le hizo unas bonitas fotos, lo limpió y se lo llevó.
Al día siguiente eligió "Cádiz", -Vamos a probar, nunca he cazado por allí, pero tiene que ser muy bonito-  Recorrió una distancia de unos trescientos metros y  le apareció el lomo de un bicho comiendo en el borde del monte. Levantó la cabeza el animal y dejó ver una cuerna espectacular.


Con soltura desplegó el trípode y apuntando a la paletilla le soltó un balazo que lo tumbó.
Al día siguiente se fue a "Asturias", trescientos metros andando le costó llegar y veinte minutos volver, con un corzo descomunal que no imaginaba se podía criar por allí.
El cuarto día se trajo dos de "Soria" y porque no quiso abusar...
Después de una semana con semejantes "éxitos", al fin se dio cuenta. Comprendió que aquello no era el cielo, sino el infierno.

Pedro Corchado Pinilla"



Espero que os haya gustado la historia tanto como a mi, me parece tremenda. 
Un abrazo a todos

F. J. López Maraver
Fotos: Autor. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS